A ojo de buen cubero. Un acercamiento al periodismo de datos

Zahlen Hintergrund bunt - endlos
Visto 2.690 veces

Poco después de volver a España tras una inmejorable experiencia formativa y profesional con IRE/NICAR, un alto responsable de la redacción en la que aterricé me pidió ayuda para uno de los editoriales del día.  Era el 19 de marzo de 2003 y Colin Powell, entonces Secretario de Estado en  la primera administración de George W. Bush, acababa de dar a conocer el listado de treinta países que militar y/o políticamente apoyaban la intervención contra Sadam Hussein.  El equipo de Opinión quería ilustrar el peso de esta coalición en la esfera internacional para dar idea de su magnitud a los lectores. Un par de horas después, tras estrujar las webs del Censo de Estados Unidos y del FMI -y Excel en mano- facilité el dato de que “los treinta contra Irak” eran pocos en términos de población (un mero 18% de la global), pero poderosos económicamente ya que representaban el 63% del PIB mundial. Satisfecha al ver al día siguiente estos porcentajes salpimentando el segundo párrafo del editorial la sorpresa vino a continuación cuando, tras agradecer el esfuerzo, el responsable que había solicitado la información me sugirió que la próxima vez no me molestara tanto y lo calculara “a ojo de buen cubero”. “Total”, me vino a decir, “no había necesidad de ser tan preciso”. Confieso que me vino a la mente la viñeta del New Yorker de abajo y me sentí como la Ms. Sweeney de turno antes de responder que, con las fuentes adecuadas, es más fácil obtener el dato preciso que la estimación inconcreta.

Afortunadamente,  situaciones como la relatada más arriba son cada vez más infrecuentes, y  el impulso al tratamiento y análisis de datos  se ha convertido en una de las tendencias que, según diferentes organizaciones como la  Nieman Foundation, de manera más clara están en la base del desarrollo actual y futuro del periodismo. Ahora bien, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de periodismo de datos? Del aluvión de definiciones más que autorizadas recogidas en el Data Journalism Handbook  cabe destacar la de Aron Pilhofer, redactor jefe de Noticias Interactivas del New York Times.

Para él,  se trata de un término general que abarca un conjunto cada vez mayor de herramientas y técnicas orientadas al desarrollo de nuevas fórmulas para contar noticias. Puede incluir desde el tradicional “periodismo asistido por ordenador” (CAR, por sus siglas en inglés) – en el que el análisis de un conjunto estructurado de datos es la fuente principal de la información – a las aplicaciones más innovadoras de visualización de grandes volúmenes de información como, por ejemplo, las diferentes iniciativas lanzadas por The Guardian que permiten conocer, a simple golpe de infografía y toque de ratón, el desglose del gasto público en el Reino Unido en 2011-12, o el hecho de que en este mismo país se produce una media de 78.000 violaciones por añomientras que anualmente el número de sentencias por este delito es de 1.070. Más próxima a nosotros, entraría dentro de esta categoría la radiografía de los 468 indultos concedidos por el Gobierno de Mariano Rajoy entre enero y noviembre de 2012 realizada por los periodistas de EL PAÍS Mónica Ceberio y Álvaro de Cózar a partir de los reales decretos publicados en el BOE.

En todos estos casos, el rasgo común es la recogida, limpieza, estructuración, análisis y presentación de los datos para ayudar a identificar temas susceptibles de convertirse en noticias por sí mismos, o apoyar la cobertura y la búsqueda de enfoques de temas ya identificados en la agenda informativa. Suena familiar, ¿no? Realmente no es tan diferente de lo que algunos periodistas han venido haciendo desde hace décadas. El punto de inflexión hacia lo que hoy conocemos como periodismo de datos lo marcó Phil Meyer en 1967 cuando, recién llegado al Detroit Free Press, comenzó a cubrir los disturbios que la ciudad sufrió durante el verano de aquel año. Decidido a explicar quiénes eran los alborotadores, realizó un sondeo entre los residentes de Detroit. El resultado desmontó la hipótesis de que se trataba de afroamericanos procedentes del Sur de Estados Unidos y con un bajo nivel educativo, al demostrar que personas con formación universitaria y asentadas en la ciudad desde generaciones atrás habían participado en los desordenes públicos en la misma proporción, o más, que los primeros. Con su reportaje “The People Beyond 12th Street” Meyer ganó el Pulitzer para el principal rotativo de Michigan e inició una larga tradición en la que, cada vez más frecuentemente, el prestigioso premio ha sido concedido en las categorías de Periodismo de Investigación y de Servicio Público a trabajos apoyados en metodologías propias de la estadística y otras ciencias sociales.

Así pues, si los pioneros del periodismo de datos se remontan a hace más de cuarenta años, ¿dónde está la novedad?, ¿por qué, si se me permite la expresión, se ha puesto de moda? La respuesta viene de la mano de varios factores. Entre ellos, un mayor y mejor acceso a información en soporte digital; en segundo lugar, la liberación de datos y el desarrollo de potentes tecnologías capaces de extraerlos automáticamente (¡un fuerte aplauso para las APIS y las técnicas de scraping!) y procesarlos, incluso, en tiempo real; no hay que olvidar las crecientes capacidades del nuevo software de visualización de datos que permiten aprovechar al máximo las potencialidades de comunicación y distribución en el entorno digital; por último, el trabajo de múltiples organizaciones en todo el mundo (en España cabe destacar la labor de Civio o el Grupo de Periodismo de Datos del Medialab Prado) que, de manera desinteresada, impulsan foros donde se comparte información y periodistas forman a otros periodistas en estas nuevas habilidades. ¿Significa esto que el periodista de datos deba convertirse en un programador? A mi modo de ver no necesariamente, pero sí es deseable que, además de una fuerte capacidad analítica y del olfato que se le presupone a todo reportero, tenga un conocimiento de las diferentes herramientas que pueden ayudarle a realizar su trabajo conjuntamente con profesionales hasta ahora poco vistos en las redacciones. Hablo, por ejemplo, de desarrolladores, sociólogos o matemáticos. Y todo ello, en definitiva, para contar historias que, como indica la última ilustración, “se acercan de manera peligrosa a la verdad”.

Noemí Ramírez
Directora de Producto en el área de Innovación de PRISA Digital y Profesora del Máster de Periodismo de EL PAÍS.

Deja un comentario

MENU
Leer entrada anterior
Cybergeddon
¿Conoces ya la webserie Cybergeddon?

El creador de CSI: Miami, Anthony E. Zuiker, ha realizado una serie totalmente producida para ver online y que se...

Cerrar