El prosumidor: protagonista del éxito del turismo colaborativo

Airbnb

El consumo colaborativo o economía colaborativa es una tendencia en pleno auge. Diversos factores, entre ellos el avance y generalización del uso de las TIC, en concreto de Internet y los dispositivos móviles, han impulsado de forma exponencial actividades tan tradicionales como compartir transporte, alojamiento u otros activos infrautilizados. Se desarrolla así un nuevo mercado entre iguales, también denominado P2P (Persona a Persona).

Las TIC han permitido la expansión de la economía colaborativa, calificada por la revista Time como una de las diez principales ideas del siglo XXI. En este sentido, ya en 2009, Rachel Botsman y Roo Rogers escribieron un libro considerado por muchos como visionario, “Lo mío es tuyo”, en el que señalaban la rápida transformación de la economía convencional hacia la nueva economía colaborativa. Los autores apuntaban cómo se está perdiendo la confianza en el viejo modelo económico, complejo y redundante, en el que los intermediarios acaparaban y restringían el acceso a propiedades y servicios.

En el nuevo paradigma de la economía colaborativa, el individuo gana protagonismo y, entre otros aspectos, asistimos a la emergencia de un nuevo modelo de consumidor. Si hasta ahora el consumidor tenía un rol pasivo en tanto que mero cliente de servicios, en el nuevo contexto del consumo colaborativo incorpora nuevos roles, como el de productor o prescriptor. Es el nuevo consumidor que Jeremy Rifkin -y otros autores- han bautizado como “prosumidor”, un consumidor que agrega valor a un producto o servicio, y que es capaz de ofrecer formas alternativas de acceso a estos bienes y servicios. Un ciudadano particular añade a su capacidad de consumir la posibilidad de producir, reaprovechar o intercambiar todo tipo de activo pudiendo hacer así un uso más eficiente de sus recursos.

Plataformas P2P como Airbnb permiten a los dueños de espacios infrautilizados compartirlos con los viajeros, es decir, ofrecer una habitación o una casa de forma temporal. ¿Cómo es posible que un concepto tan viejo y sencillo haya tenido, precisamente en el siglo XXI, tanto éxito? Pues gracias, en gran parte, a uno de los factores mencionados por Botsman y Rogers: la transformación del concepto de confianza basada en la reputación digital de la persona. La reputación online es la piedra angular de la comunidad de Airbnb. El consumo colaborativo no implica, por tanto, solo una transición hacia un nuevo modelo económico, sino también un gran cambio cultural.

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El usuario puede jugar un doble papel: en ocasiones es anfitrión y en otras, viajero. Las ventajas son claras para las dos partes que la hacen posible. Por un lado, los viajeros pueden aprovechar espacios libres en viviendas de residentes para alojarse por un precio asequible, descubrir la ciudad de una forma más auténtica y experimentar la vida en los barrios durante su estancia. Este enfoque permite que más gente viaje y también que se puedan quedar más tiempo en el destino. Por otro lado, los anfitriones perciben unos ingresos extra y los comercios de la zona se benefician de la presencia de unos viajeros que tradicionalmente no les visitaban. Así, el intercambio cultural y el impacto económico se distribuyen de forma más amplia, sin concentrarse solo en las zonas tradicionalmente turísticas.

Airbnb incluye una serie de herramientas para crear un entorno de confianza que permita una relación directa entre anfitrión y viajero, así como unos sistemas cuidadosamente calibrados de reputación entre la comunidad de usuarios. Anfitriones y viajeros se evalúan unos a otros, dejando comentarios públicos y opiniones de sus experiencias. La hospitalidad, que empieza con el anfitrión haciendo sentir al viajero como si estuviera en casa, así como el respeto y responsabilidad del viajero son los factores que mantienen la satisfacción de la comunidad. Los anfitriones desarrollan su reputación online y las evaluaciones visibles permiten a los viajeros tomar la decisión de dónde quieren alojarse, a la espera de la última palabra por parte del anfitrión. Acoger y visitar, la hospitalidad de los anfitriones y las experiencias de los viajeros son los elementos que hacen posible la esencia de Airbnb: pertenecer a cualquier lugar.

El crecimiento que aporta la economía colaborativa está siendo reconocida por la sociedad y las instituciones. El Reino Unido, por ejemplo, ha aprobado recientemente una regulación para el home sharing y ha anunciado un plan de apoyo a la economía colaborativa que persigue favorecer a los microemprendedores, lo que supone una transformación radical del modo en que se usan los recursos. Este tipo de iniciativas reconocen ese nuevo rol activo del consumidor. Pero los ejemplos van más allá del Reino Unido. París, Ámsterdam o Hamburgo son ciudades abiertas a la innovación y al consumo colaborativo, apoyándose en el turismo como una de las formas de la economía colaborativa, que está generando nuevos emprendedores y desarrollando un nuevo concepto de la propiedad que empodera al ciudadano, convirtiéndole realmente en protagonista de su tiempo.

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Arnaldo Muñoz

Director general de Airbnb para España y Portugal

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