Claves para la ofensiva contra las ‘fake news’

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¿Qué pasaría si dentro de un tiempo no supiéramos distinguir entre noticias falsas y verdaderas? Y si en realidad no nos molestara tanto leer las falsas, como denota el auge de la posverdad, que antepone la creencia en lo que se cuneta que lo que aporten los datos reales. Tal y como hemos visto en casos como el Brexit o el triunfo electoral de Donald Trump. En esta infografía de Statista de ese periodo se muestra la credibilidad que dieron los estadounidenses a las noticias falsas que se generaron:

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Podría parecer que la sociedad está dispuesta a dejarse llevar por los titulares que más le convienen, sean o no verdaderos, pero afortunadamente no es así y son una gran mayoría los ciudadanos que reclaman la información veraz y contrastada, porque no quieren ser engañados y porque necesitan tener fuentes de información confiables a las que recurrir cunado muestran interés informativo por algún tema. Por otra parte, los medios que llevan años demostrando su credibilidad y que se mantienen como opción fiable y de calidad, elevan su protesta y luchan abiertamente contra las malas prácticas informativas que inundan Internet.

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Es por esto que ha surgido una petición a Bruselas para crear una coalición contra las noticias falsas, donde un grupo de profesionales y expertos de los medios nombrados por la Comisión Europea para ofrecer soluciones a este fenómeno, propone que se subvencione el periodismo de calidad como una de las conclusiones de su informe. Un propuesta compleja que promueve el apoyo económico, por diferentes vías, a los medios que elaboran información contrastada. Esto es que se apoyen los proyectos de innovación en medios, aumentar los fondos que apoyen el periodismo de calidad, incluidas las colaboraciones transfronterizas y el periodismo de datos. En la misma línea, sugiere que el principal programa de ayudas a la innovación del presupuesto comunitario, llamado Horizonte 2020, habilite recursos suficientes para mejorar las tecnologías de los medios online y para la modernización de las redacciones.

El problema es que cuesta mucho distinguir si una noticia es verdadera o no la están colando. Los medios tradicionales se postulan como paladines de la calidad informativa, avalados por años de demostrada experiencia, pero es el usuario/lector el que debe apoyar la verdad con su opción de consulta. Como señaló el noviembre pasado en Barcelona el analista Magnus Revang: “De repente hay una carrera entre humanos y máquinas, unos produciendo noticias falsas y los otros etiquetándolas, que van a perder los humanos porque la calidad de las noticias falsas es cada vez mejor. Espero que nos equivoquemos en esto, pero solo va a empeorar”. En este sentido, los esfuerzos por el etiquetado automático de bulos que parte de la colaboración entre consorcios y organizaciones que luchan contra las noticias falsas, como Snopes, PolitiFact o factcheck.org, no consigue frenar la difusión de las noticias falsas, como mucho reducirlas en redes sociales pero no de forma rápida, con lo cual la noticia se termina moviendo más de lo deseado.

Tampoco han llegado lejos las iniciativas por parte de las redes sociales como Fake News Challenge, que utiliza la inteligencia artificial para detectar las ‘fake news’ que generan otras inteligencias artificiales, discriminando lo que era cierto de lo que no.

Si a esto añadimos noticias como que en el 2022 el público occidental consumirá más noticias falsas que verdaderas y que no habrá suficiente capacidad ni material ni tecnológica para eliminarlas, según afirma la consultora Gartner en su último informe ‘Predicciones Tecnológicas para el 20180’, está claro que es la hora de que los propios usuarios hagamos algo al respecto y comencemos a defender nuestro derecho a una información veraz. Un buen comienzo es que aprendamos a detectar estas ‘fake news’ por nosotros mismos.

CLAVES PARA IDENTIFICAR FAKE NEWS

1.- Identificar la fuente. Es importante saber de dónde proviene la información que aparece en estos canales, si es una persona, un medio o una institución. Debemos asegurarnos de que la fuente sea confiable. Llegar hasta la fuente principal de una noticia es la mejor opción.

2.- Ir más allá del titular. Los titulares impactantes captan nuestra atención, pero es importante leer la historia completa para asegurarnos de que es lo mismo que afirma dicho titular.

3.- ¿Quién es el autor? Saber si el autor existe o no con una simple búsqueda hace que empecemos a distinguir a los ‘bots’ de los articulistas reales. También conviene revisar la reputación del autor, que aunque sea real, puede que no sea tan fiable como parece.

4.- Consultar otras fuentes. Es importante verificar los enlaces que nos proponen en el propio artículo para ver si van a los datos a los que hacen referencia. También es una buena práctica consultar otros medios reconocidos y confiables para comprobar que existe una publicación genérica de la noticia y de su tratamiento.

5.- Comprobar las fechas de publicación. En muchas ocasiones y sobre todo en redes sociales se vuelven a publicar noticias antiguas como si fueran actuales. Esto hace que un hecho pasado y que ha perdido toda la relevancia cobre vida en un contexto totalmente diferente creando cierta confusión.

6.- Comprobar que no sea una broma. Es posible que alguien haga sátira o humor sobre un tema y este comience a difundirse como algo real. Si el tratamiento de la noticia es muy exagerado o extravagante es más que probable que no sea algo verdadero. De nuevo comprobar el origen de la misma y el autor ayudará saber si es o no una broma.

7.- Tener en cuenta nuestro juicio de valor. Puede convertirse en un enemigo de la verdad. Ya ha quedado demostrado que nuestras inclinaciones y creencias pueden alterar nuestra opinión y hacer que demos por buenas noticias que incluso sabemos que pueden ser falsas. Por desgracia el alentar la posverdad es una de las principales mechas con las que cuentan los distribuidores de ‘fake news’ para viralizarlas en redes sociales.

8.- Acudir a fuentes expertas. Fuentes oficiales, centros de documentación, bibliotecas, webs verificadoras o medios de reconocida reputación pueden echarnos una mano a la hora de dar crédito a una noticia de las que tenemos dudas.

A estas claves habría que añadir la responsabilidad que adquieren los usuarios digitales a la hora de difundir, compartir o retuitear noticias solo por los titulares que aportan, sin ni siquiera hacer clic previamente para leerlas o simplemente comprobar que los links que indican son realmente lo que indican. Somos los usuarios los que consciente o inconscientemente movemos las ‘fake news’ en nuestros perfiles y por lo tanto los que podemos tener la clave para detenerlas.

Por otro lado, estas recomendaciones ya las practican desde siempre los medios tradicionales, por lo que se convierten en la mejor de las opciones para los usuarios que buscan conocer la verdadera realidad en todo momento.

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