Cuando chatear signifique aprender… y enseñar

robot teacher

Este verano presencié la siguiente situación en mi casa: mi hijo Rodrigo de dos años y medio tomaba el biberón a primera hora de la mañana. En un descuido cogió mi teléfono móvil. Ante mi atenta mirada, mantuvo la siguiente conversación espontánea con el dispositivo:

Rodrigo: —Hola Siri, ¿estás ahí?
Siri: —Sí.
Rodrigo: —¿Quieres biberón?
Siri: —Todo lo que necesito está en la nube.

Mi hijo me devolvió el teléfono y siguió con su desayuno…

A raíz de esta anécdota decidí compartir los esfuerzos que desde el área de Innovación de Santillana hacemos para profundizar, intentar entender o simplemente evitar sorprendernos del impacto que la inteligencia artificial va a tener en el mundo educativo.

En especial en la eclosión que en los próximos años van a experimentar los robots conversacionales o chatbots, las nuevas interfaces de relación entre los humanos y las máquinas.

Para los que no lo conozcan aclaro que Siri es el chatbot incluido en el sistema operativo de los dispositivos móviles de Apple.

El siguiente análisis es una reflexión coral en la que han participado seis personas relacionadas con la tecnología y el aprendizaje desde distintos ángulos.

 

Primera parada. Un chat… ¿qué?

Empezando por el principio… ¿qué es un chatbot? Fundamentalmente son programas informáticos con los que es posible mantener una conversación y que pueden aprender sobre nosotros.

Estas conversaciones pueden realizarse en distintos formatos: texto, audio, vídeo, etc., a través de interfaces que ya ofrecen empresas como Apple, Facebook o Microsoft. Se utilizan fundamentalmente para labores comerciales y para completar servicios de atención al cliente.

Como plantea Marta Bonet, doctora en Filosofía y Ciencias de la Educación y que vive en primera persona el impacto de la tecnología en el aprendizaje desde el área de Innovación, estas experiencias son el resultado “del hecho de que las máquinas puedan utilizar por fin el lenguaje natural de las personas. Los humanos ahora podemos interactuar en nuestro propio lenguaje, lo que elimina barreras entre las personas y las máquinas y nos abre mil puertas”.

Estas puertas, según numerosos análisis, también se van a abrir en el mundo educativo y del aprendizaje.

Happy teacher shows children the robot

Segunda parada. Más dudas que certezas… o no.

A la hora de acercarnos a estas herramientas tan novedosas nos surgen numerosas dudas y nos asalta cierta ilusión por la aparición de un mundo repleto de oportunidades:

Los chatbots… ¿Solucionarán problemas de aprendizaje? ¿Extenderán personalización? ¿Harán del aprendizaje algo más natural? ¿De verdad hablan el idioma de los estudiantes? ¿Qué habilidades trabajarán realmente los menores? ¿Y cuáles no?

Antonio Rodríguez de las Heras, catedrático de la Universidad Carlos III de Madrid, considera que estas herramientas “ayudarán a marcar el rumbo de una concepción distinta de la asistencia tecnológica en el aprendizaje. El chatbot será un actor que interviene y media entre el profesor y el alumno. Habrá que hacerle, por tanto, sitio entre nosotros; la educación personalizada va a ser el resultado de una tríada formada por alumno, profesor y bot… y los tres aprendiendo”.

Sin embargo, estas herramientas tendrán que hacerse su espacio y no será fácil según Alfredo Hernando, experto en innovación educativa. Para él, “en el futuro la interacción humana y el diseño de experiencias de aprendizaje va a ser crucial. Y lo será por la necesidad de talento humano y sus bajas probabilidades de robotización. Sin embargo, los chatbot pueden ocupar un espacio de oportunidad en respuestas de corrección rápida o sin necesidad avanzada de comprensión semántica”.

Sensaciones contradictorias” a la hora de analizar este fenómeno también tiene Natalia Calvo, psicóloga que investiga la relación entre el aprendizaje y la neuro didáctica, y compañera del departamento de Innovación de Santillana. “Cuando te relacionas con un chatbot… ¿estás con alguien o con algo? ¿Es normal que un niño se haga amigo de un robot? ¿Qué habilidades socioemocionales están trabajando? ¿Qué habilidad están desarrollando realmente?”.

Las incertidumbres planteadas por Natalia contrastan sin embargo con las posibles sorpresas positivas que, según ella misma, estas herramientas pueden ofrecer al aprendizaje sobre todo “si el chatbot contribuye a canalizar y potenciar la curiosidad de tal forma que las respuestas despierten nuevas preguntas en el chaval y le conduzca por distintas dimensiones del conocimiento”.

En esta línea también se manifiesta Marta Bonet, quien destaca los efectos positivos que la denominada computación cognitiva tiene a la hora de desarrollar procesos de aprendizaje que se basen más en las ganas de saber del alumno y no tanto en el almacenamiento de información. “Como la máquina descifra el lenguaje natural puede digerir contenidos ya existentes de forma rápida. Podemos tener todo el conocimiento dentro de una máquina. Y un alumno en lugar de pasar páginas o hacer un scroll, habla con ella y obtiene la respuesta en su mismo lenguaje. La relación con el conocimiento es mucho más natural y cercana”. Exploraciones que desde el departamento de Innovación de Santillana se están haciendo con IBM y su proyecto Watson apuntan a este camino.

Víctor Sánchez, fundador y CEO de Mashme, también considera imprescindible desarrollar esta relación natural entre el alumno y la máquina para que la herramienta chatbot tenga éxito en un futuro. “A medida que los procesadores de reconocimiento de lenguaje natural mejoren, el nivel de las preguntas que serán capaces de responder de forma completa y satisfactoria aumentarán de forma exponencial”.

Chatbot concept. Man holding smartphone and using chatting. 

Tercera parada. ¿Qué espacio van a ocupar los chatbots en el mundo educativo?

Si estas herramientas van a instalarse antes o después en el mundo educativo y en los contextos de aprendizaje… ¿Qué espacio van a ocupar? ¿Desplazarán a alguien? ¿Ofrecerán alternativas a las formas de aprender? Muchas e intensas dudas que nuestros seis expertos nos ayudan a despejar.

Hay que tener en cuenta que un edubot es un asistente educativo adscrito a cada alumno, que va a estar a su lado. Su presencia será intensa, aunque invisible; si bien, según los niveles educativos y propósitos puede tomar corporeidad, dirigida especialmente a la afectividad que toda relación necesita. El bot conoce bien a su compañero de camino, pues le va siguiendo con atención a lo largo de su proceso de aprendizaje… no deja de conversar con él. Pero, a la vez, el bot es un excelente discípulo del maestro, asimila muy bien toda la sabiduría del profesor y la interpreta para luego responder con acierto a las demandas del alumno. Así que el trabajo del profesor no queda ni reducido ni mucho menos solapado por la incansable entrega del bot a su función. El profesor tiene que crear y mantener una suerte de depósito de conocimientos a los que el bot recurrirá continuamente. La manera de crear este depósito es un trabajo que hay que afinar pues no solo va destinado al alumno, como hasta ahora, sino también al bot. La elaboración, por consiguiente, de este contenido va a exigir unas formas específicas de comunicación, y ahí va a radicar una parte fundamental del trabajo del profesor, de las editoriales…”. Antonio Rodríguez de las Heras tiene clara la transformación que estas herramientas van a realizar en el sistema.

Por su parte, Alfredo Hernando destaca que, a pesar del potencial de los chatbots, “hasta el momento, en los cursos online o semipresenciales, donde su incorporación podría ser cercana y mayor, se ha optado por el crowdsourced como solución. Es decir, antes de automatizar respuestas y correcciones, los alumnos se ayudan unos a otros o el grupo, como entidad, resuelve y contesta dudas de manera participativa pero organizada”.

Una perspectiva fascinante es la que propone Natalia Calvo. Para ella la aparición de estas herramientas puede contribuir de forma decisiva a que exista una nueva relación entre el aprendizaje y el error: “Que una máquina trate el error de otra manera resta presión al aprendizaje y ayuda a que éste se produzca de forma natural… tal y como se aprende en otros contextos no formales. Con estas herramientas no evalúas el aprendizaje, sino que guías al alumno por lo que el error se transforma en oportunidad”. Según Calvo “los últimos avances de la neurociencia demuestran que el cerebro necesita del error para progresar. Un chatbot debe guiar y ofrecer retos y desafíos que abran la mente de los niños y les ayuden a zambullirse en su propia curiosidad”.

Despertar la curiosidad, el espíritu crítico, emocionarse. Todas estas cuestiones pueden ser más fáciles si, como afirma Marta Bonet, “el acceso a la información ya no tiene por qué pasar obligatoriamente por un profesor. Esto implica que pueda dedicar más tiempo a interacciones de mayor calidad con sus alumnos. Pero no solo entre alumno y profesor, sino que la mejora en la calidad de la interacción también será entre alumno y máquina, o entre un editor y el usuario final. La interacción será más compleja, más rica y más natural”.

Las cosas podrían ir mucho más allá tal y como plantea Víctor Sánchez. “Para mí un chatbot quizás se convierta en un gran psicólogo detectando y tratando problemas como la depresión, el déficit de atención o incluso el acoso real y digital”.

Estas herramientas irán desarrollando esta capacidad de forma paulatina para acabar resolviendo desde preguntas frecuentes y triviales hasta dudas complejas y trascendentales. “Lo harán en todo momento, en cualquier lugar y desde cualquier dispositivo, convirtiendo cualquier industria vertical que toquen en verdaderamente ubicua”, afirma Sánchez para quien esto implicará un cambio de roles importante. Para él “cualquier chatbot suficientemente avanzado es un alumno y sus profesores son todos los actores del proceso de aprendizaje. El chatbot aprende de nosotros de otros profesores virtuales, de profesores reales y de las familias. Es un estudiante realmente voraz cuyo objetivo final es aumentar su complejidad computacional para ofrecer respuestas cada vez más complejas”.

Un escenario futuro realmente inquietante y en el que la transformación de las formas y los equilibrios de poder serán sustanciales.

Aunque no para todos. Agustín Cuenca, fundador y CEO de ASPGems, ubica sin ninguna duda al chatbot en el lugar distinto en la cadena educativa: “sin duda será un refuerzo al proceso. En él primero habrá una comunidad de aprendizaje, con un maestro y luego chatbots como herramientas de apoyo”.

Educhatbot_03

Cuarta parada. ¿Cuándo estarán entre nosotros?

Recientemente el Foro Económico Mundial ha avalado un análisis que apuesta porque la mayor empresa de Internet en 2030 (dentro de 13 años) será educativa. Una empresa que aún no existe, por cierto.

Y la base de su negocio será la aplicación de la inteligencia artificial en la educación y el desarrollo de chatbots.

¿Hasta qué punto este escenario se va a cumplir?

Rodríguez de las Heras tiene claro que, además del cuándo, será muy relevante el cómo. “La pendiente que hay que subir: desorientación y resistencias serán inevitables. Hay que superar el prejuicio de que esto es automatización de la educación; o que la Inteligencia Artificial que hace posible un asistente educativo coloca en segundo plano la función del profesor; o bien que supondrá un control excesivo sobre el alumno, al seguir y medir tan próxima y continuadamente su aprendizaje, etc.

En esa misma línea se posiciona Alfredo Hernando para quien “la incorporación de los chatbots al mundo educativo tendrá lugar si somos capaces de confiar en la tecnología como figura docente, al igual que lo son los compañeros, el espacio y los propios profesores”.

Para mí el reto estará en encontrar el espacio adecuado para los chatbots. No creo que tengan cabida para dar respuesta a todos los contenidos de todas las disciplinas”, afirma Natalia Calvo.

Por su parte Marta Bonet cree que estas herramientas tendrán un espacio importante siempre y cuando “el ser humano entienda que las máquinas están para mejorar la calidad de vida, no para sustituir a nada. El ser humano es resistente al cambio, pero la tecnología ha puesto patas arriba muchos paradigmas. Por eso, en relación a la llegada de la inteligencia artificial, es cada vez más urgente trabajar el espíritu crítico de los alumnos para que entiendan y puedan gestionar este cambio tan importante”.

Esa resistencia no parece ser sin embargo un problema para Víctor Sánchez quien cree “que veremos bots atendiendo a alumnos en los próximos dos años. A día de hoy ya tenemos a IBM Watson haciéndose pasar por profesor asistente en foros de universidades americanas. En la próxima década podríamos ver versiones realmente avanzadas difíciles de distinguir de profesores reales en especial al conversar sobre materiales y disciplinas acotadas”.

Como siempre diría que más tarde de lo que yo pienso (5 o 10 años) y antes de lo que calculan los que piensan que no va a pasar”. Agustín Cuenca también lo tiene claro. 

A modo de resumen…

A la vista de todas estas reflexiones queda bastante claro que debemos tomarnos en serio el impacto que estas herramientas, esta tecnología y estas experiencias van a tener en el mundo educativo.

Fundamentalmente porque los estudiantes podrán desarrollar el principio fundamental del aprendizaje: indagar. Y lo harán entre una base de contenidos que se adaptará y aprenderá de cada uno de ellos.

Además, la relación con la máquina es natural en las nuevas generaciones. Está en la esencia de sus procesos de aprendizaje.

El futuro del aprendizaje pasará por experiencias conectadas entre sí, digitales y presenciales que aprenderán de cada alumno y le ayudarán a desarrollar al máximo sus habilidades, sus conocimientos y sus emociones. Los chatbots será una de ellas.

Y como ha quedado de manifiesto los docentes encontrarán también su espacio y su relación específica con estas herramientas. Nada sustituye a nada. Todo evoluciona.

Desde la óptica de una empresa como Santillana podemos ver con satisfacción cómo estas experiencias contribuyen a que los contenidos adquieran una nueva vitalidad. Crearemos nuevas experiencias. Tendremos que ponernos no en la piel de un usuario único, sino de miles. Y de decenas de escenas de aprendizaje. La tecnología nos ayudará y nos facilitará la generación de las nuevas propuestas.

Yo, de momento, seguiré atento las conversaciones de Rodrigo con Siri…

  • Quiero dar las gracias a Natalia Calvo, Marta Bonet, Antonio Rodríguez de las Heras, Víctor Sánchez, Agustín Cuenca y Alfredo Hernando por su inestimable ayuda para realizar este artículo.

Fernando Herranz
Departamento de Innovación de Santillana

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