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De pupitres y manzanas

El pasado 19 de enero, una fecha que muchos recordaremos como el día en que el FBI cerró el sitio web de descargas más famoso del mundo, Apple presentó en Nueva York su estrategia para hacerse un hueco en el sector de los libros de texto. Se basa en tres elementos: la nueva versión de la aplicación para leer libros digitales iBooks 2, la herramienta de autor gratuita para crearlos iBooks Author y la actualización de su plataforma iTunes U. En palabras de su Vicepresidente de Software y Servicios de Internet, Eddy Cue, ofrecen “una forma fácil de crear libros de texto digitales, una forma fácil de comprarlos y una atractiva forma para utilizarlos”.

Los libros de texto digitales que ha presentado Apple incluyen vídeos, animaciones, simulaciones 3D y galerías de imágenes. Permiten subrayar, añadir notas y realizar test de evaluación. El argumento de la compañía es simple y directo: los libros de texto tradicionales pesan, son caros y estáticos. Con el iPad, sin embargo, los alumnos acceden a un contenido más atractivo y continuamente actualizado. Pero lo que nos debemos preguntar es ¿van los alumnos a aprender más y mejor con estos libros de texto digitales? ¿Constituye una revolución educativa el cambiar el papel por un iPad?

En primer lugar, la inclusión de vídeo, audio o gráficos no convierte a los libros de texto en interactivos, por mucho que este término se mencione en su presentación. La pantalla táctil de una tableta, tampoco. Pulsar sobre los botones de un reproductor de vídeo es tan interactivo como poner una lavadora. La interactividad es una acción recíproca que se establece a modo de diálogo. La relación del alumno con la tecnología será más interactiva y mejorará su aprendizaje cuanto más similar sea a la comunicación entre seres humanos. Los blogs, las wikis y las redes sociales son claros ejemplos de experiencias interactivas.

Imagen de iBooks Author

En segundo lugar, es fundamental que los libros de texto sean multimedia y que los diferentes lenguajes (texto, imagen y audio) estén perfectamente integrados en el discurso, pero no es suficiente. No podemos considerar al alumno únicamente como receptor de información. Debemos permitirle que participe en la construcción de la misma. En la sociedad actual, caracterizada por una sobreabundancia de información, es imprescindible que los alumnos aprendan a filtrarla, a procesarla, a contrastarla y a combinarla para crear nuevos mensajes. Es la única forma de que adquieran las competencias digitales que les permitirán ser ciudadanos críticos y activos.

Por último, no olvidemos el carácter de sistema cerrado que tiene la compañía. ¿Cómo explicar a los alumnos conceptos como dominio público, software libre o licencias copyleft con un iPad en la mano? Tienen muy buenos productos y tienen todo el derecho a querer venderlos pero en cuanto a educación se refiere existe todo un mundo fuera de su iTunes. Y se llama Internet.

Carmela Tortajada Serra
Dpto. Producto Digital
Santillana Educación



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