“Debemos escribir historias del siglo XXI, contadas por autores del siglo XXI y para lectores del siglo XXI”

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La lectura y la divulgación de la cultura a través de las nuevas tecnologías es uno de los retos a los que se tiene que enfrentar todavía nuestra sociedad digital. Hoy conversamos con uno de los mayores promotores de iniciativas de difusión de la cultura aprovechando los recursos digitales actuales. Se trata de Javier Celaya, socio-fundador del portal de gestión cultural, formación y comunicación Dosdoce.com, miembro del Observatorio de la Lectura de la Junta de Andalucía, y co-director del Máster de Comunicación Corporativa e Institucional 2.0 y del Máster de Edición Digital, ambos de la Universidad de Alcalá.  Este experto en difundir la cultura a través de la tecnología nos ofrece en esta entrevista una visión del presente y del futuro próximo del libro y la lectura digital.

P.- Uno de los principales retos educativos actuales es el fomento de la lectura a partir de los nuevos dispositivos (móviles y tabletas). ¿Qué acciones se pueden hacer para que un niño o adolescente aprenda a centrarse solo en la lectura de un libro, un dispositivo que normalmente le sirve para otras cosas?

Si somos un poco objetivos veremos que con la tecnología papel, que también fue una nueva tecnología de su época, no lo hemos hecho tan bien. El nivel de lectura en España es mucho más bajo que en otros países de nuestro entorno. El 50% de los españoles no lee nada al año y esto quiere decir que no lee libros, ni periódicos, ni revistas. Creo que con la llegada de la revolución digital tenemos una nueva oportunidad de hacerlo mejor. Se han mejorado muchas cosas, pero queda mucho que hacer. La llegada de nuevos dispositivos que posibilitan la lectura en pantalla debe tomarse como algo positivo y debemos plantearnos cómo hacer que la lectura y estas nuevas formas de lectura sean del interés de los alumnos. Centrarse solo en la lectura no parece haber sido la fórmula correcta hasta ahora, por lo que quizás es el momento de reinventar o redefinir la manera en que contamos historias. Venimos de un mundo excesivamente textual y vamos a un mundo mucho más visual. Quizás a través de la visualización de las historias, como nueva forma de narrar, consigamos mayores índices de lectura y comprensión lectora de los que hemos conseguido hasta ahora.

P.- Las bibliotecas se están adaptando al cambio digital y tienen mucho que proponernos como usuarios. ¿Cómo se puede gestionar el préstamo en bibliotecas a partir de eBooks? ¿Será necesario acudir a las mismas? ¿Se devuelve también un eBook?

Desgraciadamente las bibliotecas siempre han estado en crisis  y nunca han tenido los presupuestos que deberían haber tenido, a pesar de que ese lugar físico – o ahora digital- es el punto de encuentro de la sociedad e incluso es de los pocos lugares donde estamos todos independientemente de la clase social, raza, religión, etc. Hay 16 millones de españoles que tienen carné bibliotecario. Después de la tarjeta de la Seguridad Social, es el carné más extendido.

A pesar del escaso apoyo han hecho logros impresionantes y por eso es importante mantener estos espacios físicos, pero es verdad que actualmente podemos interactuar online con nuestra biblioteca desde el móvil, desde casa, en la parada del autobús o en la oficina. De hecho ya existen dos iniciativas al respecto: Una liderada por el Ministerio de Cultura EBibliouna plataforma donde acceden las bibliotecas públicas de las diferentes comunidades autónomas; y otra promovida por el Gobierno Vasco que se llama eLiburutegia y que permite a cualquier lector acceder a cerca de 10.000 títulos en formato digital y solicitarlos en préstamo digital. El objetivo de este proyecto es llegar a los 15.000 títulos, porque diferentes estudios han demostrado que cuanto mayor sea la diversidad de obras en una biblioteca digital mayor es su uso, ya que así hay mayor probabilidad de que cualquier persona encuentre algo que leer de su gusto.

P.- La piratería es uno de los inconvenientes de la era digital. ¿Cómo se podría frenar la descarga ilegal de libros?

Yo pienso que precisamente las bibliotecas van a ser ese lugar de conversión de todos aquellos lectores que por diferentes motivos están en “el lado oscuro”, que es como llamo a la piratería. Desgraciadamente en este país tenemos un grave problema con la piratería, pero también tenemos mucha gente que lee y por diferentes motivos no está dispuesta a pagar por esa lectura. Algo que resulta ilógico si pensamos que hay que compensar a los creadores para que sigantexto_celaya_02 escribiéndonos esas historias. Sin entrar en más polémicas, podemos plantear que a través de las bibliotecas públicas, que sí pagan esos eBooks a las editoriales y estas a su vez compensan adecuadamente a sus autores, el usuario final pueda tomar prestado un libro y leer legalmente todo aquello que hoy en día está adquiriendo ilegalmente. Por lo tanto ya no habría excusa para leer de una manera legal en España.

P.- La divulgación cultural es una obligación de los gobiernos y por supuesto un reto. ¿Se está fomentando también la cultura digital desde las organizaciones?

En el caso del Gobierno Vasco, mencionado anteriormente, sí que tienen la intención de reducir la brecha social en la era digital y sobre todo dotar de este papel a las bibliotecas públicas de esta era. Es importante que no solo sean las grandes plataformas tecnológicas privadas, como Apple o Amazon, las únicas que apuesten por la difusión de contenidos. Si en el mundo analógico del pasado conseguimos que los gobiernos apostaran por una cultura de cierta calidad, desgraciadamente desfavorecida ahora por la crisis, en el mundo digital se debe seguir apostando por ella. Esto tiene que ser el fruto de un esfuerzo colectivo entre la ciudadanía y las administraciones públicas y debemos esperar que estas últimas apuesten y doten de presupuesto a todas las iniciativas.

E-Book und viele gedruckte Bücher

P.- Los derechos de autor es la principal traba que frena el avance de la industria editorial ¿Qué hay que cambiar para que esto se adapte a los tiempos que corren? ¿Los conceptos de Open Source, Creative Commons o copyleft son la solución?

Internet está transformando radicalmente toda la cadena de valor del mundo del libro, como ha pasado en otros sectores, pero hay que seguir compensando a los autores por su creación, al igual que se hacía en la era analógica. El concepto de gratuidad tan extendido y al que muchos medios se suscribieron al principio de la era digital, al único que ha beneficiado es a gigantes como Google. Es el momento de buscar qué nuevos mecanismos de compensación hay que usar en la sociedad digital y aquí es donde surgen todos estos nuevos conceptos (Open Source, Creative Commons, etc.) que no son contrarios a los derechos de autor, sino una extensión de los mismos.

Aún cuesta convencer a la industria del uso de estos nuevos conceptos. Yo, por ejemplo, publico en copyleft y me costó mucho hacerle entender a mi editor el Grupo Planeta que, como autor, yo mismo decido que mi obra está disponible para todo el que quiera usarla sin tener que pedirme permiso, siempre que no haga un uso comercial de la misma. La cultura debe ser más compartida al igual que el conocimiento.

Hay editoriales que sí están comprendiendo que ahora estamos en un mundo donde se venden contenidos enlatados bajo un título o marca, de manera similar a la televisión y que se ha creado un mundo de servicios alrededor de ese contenido, que a su vez tiende a ser libre desde el punto de vista de derechos y donde el usuario lo que está dispuesto a pagar son esos servicios accesorios.

P.- Al igual que en la música y el cine, han surgido nuevas plataformas de descarga de libros por suscripción que proponen una nueva forma de monetización de la industria del libro. El planteamiento es diferente si tenemos en cuenta que una canción o una película se consume con mayor rapidez que con la que se lee un libro, por lo tanto: ¿Son comparables estos negocios? ¿Qué les falta a estas plataformas para convertirse en un boom como Spotify o Netflix?

Escuchamos muchísima música durante el día, desayunamos con música, nos duchamos o vamos al trabajo con ella puesta. Del mismo modo vemos muchas películas a lo largo de una semana, yo por ejemplo estoy suscrito a Filmin porque me compensa pagar una cuota mensual por este servicio, ya que aunque entre semana no pueda hacer mucho uso de la plataforma por cuestiones laborales, los fines de semana sí que le hago un uso mayor y por lo tanto, con hacer cuatro sumas ya veo que me sale a cuenta estar suscrito. Pero en el mundo del libro no es lo mismo. Ya sabemos que leer lleva su tiempo y que además en esta cultura digital no tenemos tiempo para nada. Si a todo esto añadimos el dato de que el 50% de los españoles no lee y por lo tanto no está interesado en suscribirse a un servicio así, en este caso las cuentas no salen.

Libreria_Smartphone_001Todas estas plataformas de lectura digital ofrecen un menú impresionante de libros por una suscripción mensual cuando saben que la tasa de lectura media es de 3 libros al año. ¿Por qué no innovar?, precisamente estos nuevos negocios critican la falta de innovación de la edición tradicional y a pesar de ello todas ellas han partido del mismo modelo. En EEUU están surgiendo modelos de suscripción mucho más interesantes e innovadores. Han comprobado que la gente tiene dos sesiones de lectura: una a primera hora de la mañana, de 7 a 9 mientras desayunan o mientras se preparan para ir al trabajo; y una segunda sesión de lectura a última hora de la tarde, de unos 20 o 30 minutos de lectura. Con estos datos han creado un modelo de suscripción por el que solo se pagan unos 2,99 $ al mes por esas dos sesiones de lectura y fuera de esas horas no se puede entrar en la plataforma. Este tipo de modelos mucho más fragmentados atiende a realidades del sector. De todas formas este tipo de plataformas actualmente siguen siendo irrelevantes en cuanto a su cuota de mercado, al menos mientras todas sigan ofreciendo lo mismo desde el punto de vista de contenidos y de modelo de negocio.

Un avance sería la edición y distribución de audiolibros, que además está demostrado que si alguien te cuenta una historia mejora tu comprensión lectora. Las primeras iniciativas de los años 90, como la de Alfaguara, no triunfaron por el uso de casetes, pero ahora los nuevos dispositivos, mucho más ligeros, han cambiado los hábitos de consumo y al igual que los podcast han cambiado la forma de escuchar radio también estos dispositivos pueden hacer que surja una nueva generación de lectores de audiolibros. En este sentido Ramdom House acaba de lanzar una colección de 20 audiolibros de sus últimos best seller y que son como pequeñas obras de teatro. Su precio puede parecer caro, pero lo que no sabemos es que detrás de estos libros hay un elevado coste de producción.

P.- En la actualidad, los libros electrónicos se distribuyen en una variedad de formatos: ePUB, Mobi, PDF, HTML… ¿Alguno de ellos acabará convirtiéndose en un estándar? ¿Cuál parece postularse como el MP3 del ebook?

La historia siempre se repite e igual que con los primeros formatos de vídeo – Betamax, VHS, 2000 – o como ha ocurrido en la música, los formatos dependen de la presión de las marcas. Por ejemplo, Amazon te obliga a usar en su dispositivo Kindle su tecnología propietaria Mobi, que únicamente usan sus libros, por lo que si quieres ver otro formato en ese dispositivo lo tienes que piratear. Por lo tanto, esta lucha de estándares fomenta también la piratería.

Afortunadamente está habiendo un acercamiento de la industria hacia lo que se llama ePUB3, que ahora mismo es el estándar global. El PDF es un formato que permite compartir textos de una manera muy ágil, pero para la lectura no resulta cómodo ya que no permite cambiar la letra o aumentarla. Mientras que el ePUB permite todo tipo de personalización. Yo por ejemplo puedo leer sin usar gafas de cerca, solo tengo que aumentar el tamaño de la letra y listo.

Tecnológicamente, la solución a la estandarización está disponible, solo hay que esperar a que gigantes como Apple y Amazon se pongan de acuerdo. En este sentido la administración pública puede hacer cosas tan interesantes como obligar a la industria a que utilice estándares abiertos para todas las iniciativas que reciban subvenciones públicas.

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P.- Has mencionado en otras ocasiones que un año en Internet equivale a una década en el mundo analógico. Imagina entonces que  hemos llegado a 2025. ¿Cómo crees que serán los libros entonces?

Veo que afortunadamente en 2025 leeremos más que nunca. Aunque la definición será diferente porque podremos leer un blog,  leer un tuit o incluso leer vídeos. Habrá una gran transformación de la manera de contar historias, que dejarán de ser solamente texto y pasarán a ser nuevas narrativas definidas como transmedia. Aunque yo prefiero decir que son historias del siglo XXI, contadas por autores del siglo XXI y para lectores del siglo XXI. Al igual que en otras épocas pasadas había lectores que hacían cosas diferentes, estos nuevos autores contarán historias exclusivamente en formato digital para ser consumidas exclusivamente en pantalla y que van a tener otro tipo de narrativa, pero que bajo mi punto de vista siguen siendo libros.

Al igual que está pasando ya con la música, para el 2025 seguramente se venderá más en formato digital que en papel.

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