La brecha digital entre docentes

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Estamos en una época de cambios profundos que están generando una brecha entre los que nadan, con más o menos esfuerzo, en la sociedad del conocimiento, nutriéndose en las redes, y los que se quedan en la orilla, desconcertados ante las nuevas capacidades que este nuevo modelo de sociedad exige. No en vano, los docentes actuales se enfrentan a importantes retos en las aulas:

  • El principal es que los alumnos se aburren en clase seis horas al día cinco días a la semana. A medida que suben de nivel educativo se van desconectando del proceso de aprendizaje. Algunos perciben la necesidad de un título y juegan, según las reglas, para obtenerlo. Pero pocos, muy pocos, disfrutan de las horas lectivas o de aprender lo que la mayoría de los docentes enseñan.
  • El acceso a la sociedad de la información, de las pantallas conectadas, está cambiando el cerebro humano. Los niños y jóvenes no sólo no quieren, es que no pueden permanecer tantas horas al día siendo sujetos pasivos sobre los que se vierte conocimiento. No tienen la misma capacidad de concentración que los profesores teníamos a su edad (y que ya no tenemos, por estar inmersos en esa misma sociedad hiperconectada) y son incapaces de escuchar a un docente tras otro que, hora tras hora, les cuentan cosas mientras les exigen atención silenciosa. Necesitan aprender haciendo.
  • La Red y los videojuegos les han acostumbrado a retos moderadamente difíciles, donde deben experimentar, deducir, investigar… En la escuela industrializada que padecemos no hay tiempo para esos procesos. Los currículum larguísimos e irreales son una losa, puesto que empujan a los docentes a dárselo todo hecho al alumno, rápido, rápido: “Mejor te lo cuento yo, no hay tiempo para que lo deduzcas tú”.
  • La educación es cara (ahora que la ignorancia sale mucho más cara, claro). Todos los estudios hechos sobre el tema llegan a la misma conclusión: la clave para un sistema educativo de calidad está en contar con profesores excelentes. Pero para ser excelente hace falta tiempo: para preparar las clases, para poner en marcha metodologías complejas, para coordinarse con otros, para formarse y hasta para reflexionar. Desgraciadamente, el sistema educativo actual considera al docente como un operario de cadena de montaje, capaz de realizar la misma labor cada día, mecánicamente, durante tantas horas como sean necesarias. Con una carga lectiva tan alta como la actual es imposible ser excelente o acercarse siquiera a ello. Si además le sumamos una dotación informática insuficiente en los centros y una mala conectividad a la Red, tratar de trabajar como debería hacerse en este siglo se convierte en un gesto heroico.

Con este panorama, ¿las TIC son una carga más para el docente ya sobresaturado? Rotundamente, no. Bien utilizadas, pueden paliar los retos descritos: las redes y comunidades virtuales profesionales ofrecen formación a medida y desarrollo profesional. Nos acercan a otros compañeros, a los alumnos y a las familias. A expertos y empresas que pueden meter la realidad en el aula. Es más, a través de las herramientas se puede llegar a cambiar las metodologías. ¿Qué necesitamos los profesores para acceder a esos beneficios 2.0?:

  • Una competencia digital mínima: buscar y filtrar contenidos, crearlos (vídeos, presentaciones, podcasts) y remezclarlos (conocimiento de licencias y herramientas de edición).
  • Pasar de consumidores a productores: herramientas sencillas como blogs y wikis permiten a cualquiera publicar sus propios contenidos. Pasar del Internet en modo sólo lectura al Internet de lectoescritura.
  • Mostrar un respeto hacia el alumno, hacia sus intereses, a su forma de aprender y al derecho que deberíamos de asegurarle a no aburrirse tantas horas de su vida. No es cierto que los alumnos no quieran aprender; sencillamente, no quieren aprender así. Y también se merecen que intentemos, al menos, prepararles para la sociedad que les toca vivir: privacidad, seguridad, marca personal y huella digital son temas vitales a los que no se les está dedicando la atención necesaria. Soltamos, sin más, a nuestros alumnos en medio de una selva, con equipaje trasnochado y sin mapa.
  • Desarrollar un Entorno Personal de Aprendizaje (PLE, en sus siglas en inglés) en las redes que nos permita conectar y aprender con otros, de forma que cada uno pueda elegir su itinerario formativo hacia las necesidades, afinidades e intereses educativos propios. Se trata de expandir los claustros a través de Internet.

Nunca tuvimos tantas oportunidades para aprender ni un acceso tan amplio al conocimiento: cursos en abierto de las mejores universidades del mundo, ponencias online de los líderes de pensamiento actuales, intercambio de ideas e información con cualquier persona del planeta… Esas oportunidades crean enormes diferencias entre los docentes que aprovechan el potencial de la Red y los que, bloqueados por la falta de una competencia digital básica o por una simple y llana falta de visión, se quedan en la orilla. La brecha digital empieza a ser patente y es tarea de los de uno y otro lado tratar de tender puentes, ya que, nos guste o no, somos un claustro global.

Más información:

Aprovechar la oportunidad de la Sociedad de la Información en España

Las competencias digitales de los docentes según Pere Marqués

Ángeles Arauz

Consultora TIC de Inevery Crea

2 Comentarios

  • avatar Rosario 14 noviembre, 2013

    No sólo el docente que “puede” echar una mano, le cuesta por muchas razones. lo peor es que tengo la sensación que la INDUSTRIA del (o para) el sector tampoco está echando ese cable, pues está inmersa en su propia supervivencia sin escuchar demasiado al cliente externo e incluso interno, al consumidor…. pero innovando en producto que a veces los que tienen que ponerlo en valor, como se dice ahora, no saben y no encuentran ayuda.
    Toda una paradoja

  • avatar Ángel Puente Pérez 9 noviembre, 2013

    Muy buena la reflexión.
    Ya hemos comentado en Twitter acerca de este problema que yo siento de manera muy intensa en los últimos pocos años.
    Mis compañeros-web, docentes excelentes, han adquirido unas habilidades y se han situado en un nivel desde el que, yo creo, es muy difícil tender puentes a los que se han quedado en la otra orilla.
    No es que se hayan situado… es que están en una locomotora que va a unas velocidades de vértigo.
    A mí me preocupan los compañeros que no se pueden subir a ese tren.
    Me preocupa la otra orilla.
    Hace tiempo, antes de la era digital, me acerqué a un joven profesor que tuve en la UNED y al que veía una vez a la semana en unas excelentes clases de una, en principio, ardua materia: Álgebra Lineal, para felicitarle por su excelente trabajo. Era final de curso. Conmigo llevaba un puñado de hojas en las que había recopilado los errores que el texto impreso (varios cientos de páginas) llevaba.
    Él agradeció mis elogios pero me dijo: “cada vez me cuesta más conectar con el alumnado. Cada generación de alumnos nuevos, se encuentra siempre en el mismo nivel, pero yo voy avanzando y la distancia que me separa cada vez más, me va dificultando enormemente ese acercamiento”.
    Aquel mensaje de un excelente profesional, me ha acompañado desde entonces.
    Es lo que está pasando con los docentes que estamos en el lado de la tecnología y los que no nos pueden seguir.
    Y lo malo, es mi impresión, es que los que podemos echar la mano para incorporarlos, no estamos haciendo lo suficiente.

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