Barbara Oakley, la neurociencia y un tomate nos pueden enseñar a aprender de una vez por todas

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Realmente, ¿sabemos cómo se aprenden las cosas? Barbara Oakley, profesora de Ingeniería en la Universidad de Oakland en Rochester y directora del curso “Aprender a aprender” de Coursera, el mayor curso online del planeta, confiesa que todavía sigue ampliando sus conocimientos día a día al respecto. Aun así es una de las mayores expertas sobre esto.

La pasada semana, gracias los Encuentros de la Fundación Santillana y en colaboración con SantillanaLAB, pudimos disfrutar de una charla magistral a cargo de esta gurú del aprendizaje, donde nos ofreció unas cuantas claves para descubrir nuestro potencial oculto gracias al aprendizaje y muchas de las cuestiones, menos visibles, del funcionamiento de nuestra memoria.

Lo más curioso es que Barbara Oakley cuando era pequeña odiaba profundamente las Matemáticas y la Ciencia, pero un día comprendió que podría aprender a estudiar cosas que a priori no le agradaban gracias a la neurociencia. Ahora es uno de los referentes internacionales sobre neuroeducación, con numerosos premios de enseñanza a sus espaldas, como el Premio Chester F. Carlson de la Sociedad Americana de Educación en Ingeniería.

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Barbara Oakley

Neurociencia para ‘dummies’

Gracias a la neurociencia, Barbara Oakley, es capaz de desmontar la mala fama que tiene actualmente la memorización como método de aprendizaje. Ni releer, ni subrayar textos, ni crear mapas de conceptos pueden competir con la acción de retener y por lo tanto lo que hay que entrenar es la recuperación de esa información retenida. Parece un concepto antiguo, desfasado, poco alineado con las teorías de enseñanza que abogan por la práctica, pero es algo meramente científico.

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Según Oakley, la neurociencia ha demostrado que las conexiones neuronales necesarias para el aprendizaje se producen en la memoria de largo plazo, situadas en el neocórtex. Solo lo que está allí almacenado es lo que se ha aprendido de verdad y es de allí de donde toma la información la memoria de corto plazo situada en córtex prefrontal. Un claro ejemplo, que expuso Oakley, es cuando usamos la marcha atrás en un coche: cuando iniciamos la maniobra cuidamos todo a la vez, los espejos, el acelerador, el freno y el embrague, pero en seguida la memoria a corto plazo extrae de la memoria de largo plazo el resto de los datos que se han creado a fuerza de practicar esa misma maniobra numerosas veces.

En el aprendizaje impera sobre todo la voluntad de aprender, lo cuenta Barbara Oakley a través de su propia historia personal y también en la de Julius Yego, un atleta de Kenia que quería aprender a lanzar la jabalina pero no tenía quien le entrenase, por eso se dedicó a aprender a través de vídeos de YouTube sobre cómo lanzar la jabalina. Esta perseverancia y la práctica constante hizo que se convirtiera en el campeón mundial de lanzamiento de jabalina.

Esta voluntad de aprender, unida al método más eficaz de hacerlo, que según Oakley es la retención a través de la memorización, también está implícita en el “método Pomodoro”, popularizado en los años 80 por el italiano Francesco Cirillo y que propone períodos de concentración absoluta de 25 minutos, donde se elimina toda posible fuente de distracción, seguidos por breves descansos en los cuales te puedes premiar a ti mismo con una pequeña recompensa (una canción, mirar el móvil, jugar una breve partida a un videojuego). La neurociencia ha descubierto que esa pequeña interrupción tras la concentración ayuda al hipocampo a depositar parte de la información adquirida en la memoria de largo plazo y además nos permite estar fresco para el siguiente tramo de aprendizaje.

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Retener lo aprendido

Y ¿cómo se aprende a aprender? Según Oakley es preciso construir redes de conexión neuronal reforzando la memoria con ejercicios para los casos en que sea posible, como el ejemplo de circular marcha atrás o aparcar con el coche, pero cuando no es posible realizar prácticas, su consejo es apartar la vista y repetir lo que se acaba de leer sin mirar el texto. Esto es lo que fija el vínculo en la memoria de largo plazo, si tan solo nos limitamos a leer, la información no pasará de la memoria a corto plazo.

Oakley también recomienda cuidar nuestro cerebro. Dormir y descansar es la mejor forma de hacerlo, ya que, como ocurría con el método Pomodoro, durante ese tiempo es cuando se crear las conexiones neuronales que cimentan lo aprendido.

El cerebro funciona de dos maneras principales -Barbara lo comparó de manera muy creativa comparándolo con una máquina de pinball- la primera es el modo focalizado, cuando estamos concentrados en algo, en el que se activa una red neuronal limitada que se encarga de la realización de tareas; La segunda forma de aprendizaje es el modo difuso, cuando no tenemos una concentración concreta en nada, en el que los pensamientos son más aleatorios. Cuando intentamos aprender algo, el cerebro va cambian de un modo a otro constantemente, esto es fundamental para hacer permanecer la información en la memoria.

Oakley defiende también el uso de imágenes o música para fomentar el recuerdo en la mente. Una gran parte del cerebro son recuerdos visuales, cuantas más cosas podamos relacionar con imágenes, mejor las retendremos. Para potenciar esto, Oakley propone la “técnica Palacio de la Memoria”, consiste en buscar mentalmente un lugar conocido y relacionar una lista de imágenes de objetos en movimiento con lo que necesitamos aprender o recordar.

Una buena noticia para los que creemos que no tenemos una gran memoria, según Oakley, aquello de tener mala memoria es toda una ventaja, al menos en el pensamiento creativo y el retener poco o mal en nuestra memoria temporal, nos convierte en personas con mayor capacidad creativa. Por otra parte, si nomos lentos aprendiendo lograremos un entendimiento mucho más profundo de las cosas que el resto de las personas que las entienden de forma rápida. Precisamente, Santiago Ramón y Cajal, el científico preferido de Oakley, afirmaba que le costaba muchísimo retener cosas en su mente y sin embargo ganó un premio Nobel y es el padre de la neurociencia moderna, pero consideraba que la constancia y la perseverancia eran su forma de aprendizaje.

>> Puedes ver una de las charlas magistrales de Barbara Oakley en la web Aprendemos Juntos, un proyecto de BBVA, Santillana y EL PAÍS.

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