“La violencia ha sido el motor de la historia de Europa y la Unión Europea ha sido el mejor invento para detenerla”

EntrevistaG_Altares

Hace unos días el periodista de EL PAÍS, Guillermo Altares, recibió el premio al mejor ensayo del año, que otorga la Asociación de Librerías de Madrid, por su libro: Una lección olvidada: Viajes por la historia de Europa (TusQuets). Un libro que analiza cómo el pasado de Europa nos enfrenta a un inmenso crisol, una mezcla enorme trazada con millones de hilos, pero que también es un proyecto en construcción. Este libro recorre diferentes espacios de Europa en busca de los estratos de su pasado, desde una cueva que los primeros sapiens europeos pintaron hace 36.000 años hasta la guerra de los Balcanes en los años noventa del siglo pasado. Con ello nos obliga a reflexionar sobre la fragilidad de las conquistas de la cultura humana y la tentación de olvidar las capas de dolor y sufrimiento sobre las que se asientan nuestro presente y nuestro porvenir.

Guillermo Altares, ha sido reportero de la sección de Internacional de EL PAÍS, para la que cubrió acontecimientos como la caída de los talibanes en Afganistán en 2001, la posguerra de Irak en 2003, la guerra de Israel contra Líbano en 2006 o las elecciones presidenciales francesas de 2007. Con anterioridad a El País, trabajó en la delegación de la Agencia France Presse en Madrid y en el desaparecido diario El Sol. También ha sido redactor jefe de Babelia, el suplemento cultural de EL PAÍS, y ahora forma parte del equipo de Opinión del diario.

P.- En tu libro reflejas diversos acontecimientos de la historia de Europa, desde la prehistoria hasta la Guerra de los Balcanes todos muy unidos a historias de violencia. Ya los restos de Ötzi, la conocida momia de un europeo de hace más de 3200 años, nos indican que fue asesinada. ¿Qué parte ocupa la violencia en la construcción de Europa? ¿Y en los europeos? Y sobre todo, ¿qué peso tiene en tu libro?

La historia de Europa está marcada por la violencia casi desde que tenemos indicios arqueológicos. Ötzi, el hombre de la edad de bronce cuyo cuerpo momificado apareció en Los Alpes, fue asesinado por la espalda y tenía sangre de varios individuos en su cuchillo. Debió morir después de un combate. Y así hasta ahora: no podemos olvidar que en Ucrania hay todavía una guerra. Sin embargo, la UE ha sido el mejor invento posible para detener la violencia en Europa. Conflictos que parecían irresolubles —Francia/Alemania, que se enfrentaron en numerosas guerras en los siglos XIX y XX es el más evidente— forman parte de un pasado remoto. La violencia ha sido el motor de la historia de Europa y ese fue uno de los motivos por los que padres de la Unión Europea fundaron el proyecto: para que no hubiese más guerras.

P.- Hablar de historia es complicado, más ahora que se ha convertido en una moneda de cambio de ideologías, donde las interpretaciones y el rigor histórico se interpreta según convenga a quien las cuenta. ¿Cómo periodista, te ha resultado difícil escribir sobre historia? ¿Qué periodo histórico te hubiera gustado vivir y a qué personaje te hubiera gustado conocer en persona?

La historia es manipulada constantemente, sobre todo por los nacionalistas de toda ralea. Pero eso no quiere decir que no sepamos mucho sobre el pasado: una de las cosas que se descubren leyendo libros de historia es que realmente tenemos mucha información sobre lo que ocurrió y que, además, las grandes lagunas están bastante identificadas. Pero eso no significa que se admita lo ocurrido o que, incluso conociéndose el pasado, no se manipule. Me hubiese gustado conocer la República de Weimar, aunque fue un periodo violento que desembocó en el nazismo, o la Roma de Augusto, aunque dudo que hubiese sobrevivido ni diez minutos en la calle. Y poder percibir durante unos instantes cómo se pintaban las cuevas en la prehistoria es una ensoñación. Aunque, pese a mi afición por las historias de viajes en el tiempo, me conformo con pasear por Berlín, Roma o visitar cuevas como el Castillo o Tito Bustillo. Viajar es siempre viajar en el tiempo: esa es una de las cosas que intentado contar en el libro.

P.- Hablas también de enigmas de la historia, de mitos, leyendas, como el Rey Arturo y otros personajes. ¿Qué crees que le ha hecho más daño a Europa, la oscuridad de la Edad Media o las ‘fake news’ del siglo XXI?

La Edad Media fue un periodo mucho menos oscuro de lo que pensamos. En realidad, muchas de las cosas que identificamos con la Edad Media —las cazas de brujas, las persecuciones de herejes, la violencia desatada— se corresponden más a la Edad Moderna. La Guerra de los Treinta Años, en el siglo XVII, fue el mayor cataclismo que ha vivido Europa, si se tiene en cuenta el porcentaje de muertos en la población total, incluso peor que la Segunda Guerra Mundial (el Sacro Imperio perdió un 15% de su población en matanzas, batallas, pestes y hambrunas). Coincidió, además, con la llamada pequeña edad de hielo, un enfriamiento del planeta que convirtió la vida de muchos europeos en un horror. La Edad Media, tras el año Mil (antes tenemos muy poca información, por eso no sabemos casi nada sobre Arturo), fue un periodo muy bueno para Europa: renacieron las ciudades, las ferias agrícolas y el comercio, comenzó a forjarse la burguesía, mejoraron las comunicaciones, surgió el Gótico… Las fake news han sido un problema desde que existe la historia, las monedas romanas son un ejemplo de propaganda y se utilizaron fake news para incitar a la que tal vez es la mayor calamidad que haya padecido nunca Europa: el odio a los judíos. Desgraciadamente, nos acompañan desde hace siglos y, como digo, ha habido momentos incluso peores.

P.- Indicas que la diversidad es otra de las bases del continente europeo. Es cierto que somos hijos de numerosas razas y civilizaciones, tenemos más mezcla de sangre que un gato callejero, sin embargo parece que en la historia reciente nos cuesta que gente de otros pueblos no europeos se establezca en nuestros países. ¿Qué nos pasa, hemos perdido la conciencia de pluralidad de nuestros ancestros?

La uniformidad es lo peor que le podía pasar a Europa. La idea, que se difunde desde la ultraderecha, de que existe una idea de Europa, anterior incluso a Europa, cristiana y blanca es racista y, además, falsa. Europa siempre ha sido una mezcla de civilizaciones y culturas, un eterno viaje de pueblos de un lugar a otro. Y ahora vivimos en sociedades diversas, que plantean ciertos problemas, es cierto, y no se gana nada ignorándolos (por ejemplo con el debate sobre el velo), y eso aporta riqueza a Europa. Y siempre ha sido así: cuando uno pasea por el mercado central de Roma y encuentra puestos con productos de todo el mundo y vendidos por personas de todo el mundo en realidad no ha cambiado nada desde hace 20 siglos. La Roma de Augusto era una ciudad diversa, en la que se hablaban decenas de idiomas y se veneraba a cientos de dioses, donde se mezclaban los pueblos y las culturas. Europa es eso, no la pintura falsa que tratan de imponer los xenófobos.

P.- Has sido redactor jefe de Babelia, el suplemento cultural de El PAÍS, por lo que has estado muy atento a la cultura europea reciente. ¿Qué autores o qué obras nos recomiendas para conocer mejor, no tanto la Europa pasada, sino la que estamos viviendo ahora?

Para entender Europa, siempre recomiendo uno de los libros más bellos que he leído en mi vida, El mundo de ayer (Acantilado), de Stefan Zweig. Habla de una Europa que ya no existe, pero en la que siempre deberíamos mirarnos. Posguerra (Taurus), de Tony Judt, sigue siendo una obra maestra, al igual que El Danubio, de Claudio Magris.

P.- Los de nuestra generación, los que fuimos mayores de edad en los años 80 y 90, siempre hemos visto la Unión Europea como algo positivo. Nos colocaba al mismo nivel que otros países cuya cultura y sociedades admirábamos. ¿Por qué crees que ahora ya no se lleva ser europeo?

Nací en 1968 y todavía recuerdo ir a Francia con pasaporte y, cuando hice mis dos interrailes (la mejor escuela de europeísmo posible) crucé el Telón de Acero y tuve que pedir visados. He recorrido una Europa llena de fronteras y barreras, de miedo, y ahora vivimos en una Europa mucho más libre. Creo que la generación erasmus es europeísta de fábrica. La abolición de la fronteras –más bien la congelación–, la moneda única, la libertad de movimientos son logros esenciales y muy recientes, todavía frágiles, por los que tenemos que seguir luchando.

P.- En tu libro mencionas que en Europa hay ciertos hilos invisibles que unen unos lugares con otros aunque aparentemente no tengan nada que ver. ¿Cuáles son estos hilos?

Esos hilos son la Europa en la que vivimos ahora. Uno pasea por Penzanze, en la costa de Cornualles, y se encuentra con un cartel que conmemora las incursiones españolas y conduce por el Perigord, en el centro de Francia, y se encuentra con castillos ingleses de la guerra de los 100 años y los bisontes y los mamuts que ve dibujados en las cuevas son los mismos que en Cantabria. Y las catedrales y las iglesias románicas y los templos romanos y los edificios modernistas y el estilo Bauhaus… La unión europea es el proyecto menos artificial que se pueda imaginar: es la única consecuencia posible de nuestra historia.

P.- Evidentemente, en tu libro aparece la referencia a Homero y sus obras La Iliada y La Odisea, este último es casi un libro de viajes. Una lección olvidada: Viajes por la historia de Europa, también tiene una perspectiva desde la cual se describen muy bien los lugares referidos. ¿Qué recuerdos significativos recogiste en tu mochila durante los viajes que te han llevado a escribir este libro?

Como he dicho antes, todo viaje es un viaje en el tiempo. Cuando viajo, me encanta estudiar la historia y comprender las capas que se esconden debajo de lo que vemos. Así fue construyéndose el libro poco a poco, en esa mezcla de viajes e historia.

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