Las ciudades inteligentes como impulsoras de Internet de las Cosas

Modern city, a busy overpass
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Internet de las cosas ha abierto un mundo de oportunidades a la hora de desarrollar iniciativas de ciudades inteligentes. Según datos de IDC, actualmente hay 13 millones de objetos conectados en el mundo, y su número va a seguir en aumento. Sin embargo, para que las ciudades inteligentes puedan llegar a alcanzar todo su potencial aún quedan por resolver algunos retos, entre los que destaca la gestión de los datos.

En los últimos años, Internet de las cosas (IoT, por sus siglas del inglés Internet of Things) ha dejado de ser un concepto de connotaciones futuristas, para convertirse en una realidad. Son muchas las organizaciones que ven una oportunidad de negocio en este campo. De acuerdo con las estimaciones de IDC, el mercado de IoT va a crecer de manera considerable en los próximos años, pasando de 655.800 millones de dólares en 2014 a 1.7 billones en 2020 a nivel mundial, lo cual supone una tasa de crecimiento anual del 16,9%.

IDC define Internet de las cosas como una red de redes que conecta distintos elementos u objetos, los cuales se comunican entre sí utilizando internet, sin la necesidad de la intervención del ser humano. De esta forma se puede, por ejemplo, conectar el frigorífico con una aplicación de compra online, de tal manera que cuando se acabe un producto se pueda proceder automáticamente a su compra. El objetivo es que la información del entorno se monitorice en tiempo real y se puedan tomar decisiones automáticas en concordancia con esa información.

Uno de los sectores que más está influyendo en el crecimiento de IoT son las Ciudades Inteligentes o smart cities. Naciones Unidas estima que en 2050 cerca del 70% de la población mundial vivirá en ciudades. Esto conlleva unos retos en la gestión de los recursos e infraestructuras. Por ello, algunas organizaciones están ya desarrollando iniciativas que combinan la innovación y la tecnología con el objetivo de crear ciudades eficientes y sostenibles, mejorando la calidad de  vida. De hecho, IDC estima que, con el objetivo de promover la innovación y las ciudades inteligentes sostenibles, los gobiernos locales impulsarán más del 25% de las inversiones para implementar soluciones de IoT en 2018.

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España es el segundo país europeo en cuanto a iniciativas de ciudades inteligentes con 72 proyectos, solo por detrás de Reino Unido. Ciudades como Santander (pionera en este campo), Madrid, Barcelona o Málaga, entre otras, están implementando soluciones para la gestión inteligente de la energía, del tráfico o de los residuos. Sin embargo, todavía quedan algunos retos por resolver, sobre todo en lo relativo a la gestión de los datos en tiempo real.

Uno de los pasos clave para el éxito de las ciudades inteligentes es evolucionar de una gestión pasiva del dato a una gestión activa. Actualmente somos capaces de implementar soluciones de alumbrado o recogida de residuos inteligentes, por ejemplo. Sin embargo, uno de los principales retos está en utilizar los datos integrados con otras soluciones, como por ejemplo la información meteorológica. De esta forma, si un día hace un tiempo más nublado de lo habitual y la visibilidad se ve limitada, el alumbrado público se encendería antes, mientras que si el día es soleado, la hora de inicio se retrasaría. La misma idea se podría aplicar a la gestión del riego automático, evitando el funcionamiento de los aspersores en días de lluvia.

Tener una estrategia de análisis del dato es crucial en cualquier proyecto que busque una continuidad a largo plazo. Para ello, es necesario que los responsables de este tipo de proyectos evolucionen de soluciones aisladas a hojas de ruta que ofrezcan una estrategia general, incorporando el análisis de datos y la cooperación de los distintos agentes involucrados y afectados.

Las ciudades necesitan transformarse para optimizar recursos, disminuir costes y satisfacer las expectativas crecientes de los ciudadanos, atrayendo inversiones, nuevos negocios y talento. En muchos casos, se tiende a valorar el éxito o fracaso de las inversiones de ciudades inteligentes desde un punto de vista puramente económico, prestando atención únicamente al retorno de la inversión. Sin embargo, sería necesario medir también los efectos sociales de estas soluciones, aunque sea complicado cuantificar la satisfacción de los usuarios, por ejemplo, cuando las luces de la calle están encendidas a la hora que deberían. Es el conjunto de todos estos aspectos donde radica el éxito de las ciudades inteligentes, en conseguir entornos sostenibles desde el punto de vista económico, social y medioambiental que permitan una experiencia de ciudadano excelente.


Marta Muñoz, Directora de Análisis y Operaciones de IDC España y Laura Castillo, Analista de IDC España.

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