Planeta Futuro: otra mirada al cambio social

Planeta Futuro EL PAÍS

Imagine África. ¿Qué es lo primero que le viene a la cabeza? Si es un niño famélico, usted tiene un problema. Sufre de imagen distorsionada. Porque África, el grueso de África, no es eso. No es solo eso. Hablamos de un continente de mil millones de personas que luchan por su futuro, que emprenden, que emigran, que cultivan, que crean arte, bailan, cantan, inventan, compiten… Igual que sucede en Asia, en América o en Europa.

Planeta Futuro nació para dar voz a las personas anónimas u olvidadas de cualquier rincón del mundo. Para ponerles cara. Para buscarles un espacio a todos esos, tantos y tantos, temas a los que los medios habitualmente dan la espalda por múltiples razones. Aquellos que giran alrededor del desarrollo de los pueblos, de su propia lucha contra la desigualdad, por los derechos, por la justicia social, por la mejora de vida y la supervivencia.

Y queríamos hacerlo huyendo de la imagen tradicional del mundo occidental. Los medios de comunicación, las redes y las nuevas tecnologías han cambiado hoy muchas mentalidades. Lo lejano ya no lo es tanto. Lo cercano ya no es lo fundamental. Y una de nuestras labores es seguir empujando en esa dirección. Ponemos el ojo y la pluma en hablar de mujeres que sufren una fuerte discriminación, del acceso a la educación primaria universal, de la pobreza (esa lacra) aquí y allá, de las enfermedades desconocidas y poco investigadas, de personas que tienen que caminar todo el día para conseguir acceso a agua potable, o de niños que mueren por causas tan prevenibles como una diarrea. Todos asuntos imperdonables en este siglo XXI.

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Así, evitando ser sensibleros o lacrimógenos, buscamos contar qué avances se están produciendo en esa dirección: hacia un mundo más justo y equitativo. Los Objetivos del Milenio son nuestro espejo. Tanto a través del compromiso de los países desarrollados como de lo que pueden hacer y hacen los llamados países en desarrollo. Lo grande y lo pequeño. Lo que hacen individuos u organizaciones; ciudadanos o gobiernos.

Para conseguirlo, igual que huimos de los ángulos tradicionales, tampoco nos conformamos con los formatos habituales. Al ser Planeta Futuro una sección digital dentro de EL PAÍS, intentamos exprimir todas las posibilidades que nos ofrece la tecnología para compartir estos nuevos enfoques sobre la realidad: fotogalerías, multimedia, mapas, infografías, redes sociales nos sirven a diario para conectar con la audiencia. Queremos llegar a los lectores del periódico, pero también buscamos nuevos, personas con unas inquietudes sociales y humanas que trascienden la cobertura habitual del diario. Lo hacemos gracias a un equipo de cuatro personas en la redacción y una amplia red de colaboradores que nos envían sus reportajes desde todo el mundo.

Con esta vocación nació Planeta Futuro en enero de 2014, gracias a la colaboración de la Fundación de Bill y Melinda Gates. Su objetivo último es llevar al debate público asuntos que suelen quedar sepultados, como los avances en la investigación sobre la malaria y otras enfermedades olvidadas en Occidente que matan a millones de personas cada año, o la pobreza extrema que se agazapa tras la epidemia última de ébola.

La acogida ha sido excelente. En estos meses, Planeta Futuro se ha convertido en una de las referencias en el mundo de las organizaciones sociales y entre sus seguidores. Tanto es así que acabamos de ser seleccionados como uno de los finalistas de los Premios Enfocados/Desenfocados, compitiendo con proyectos tan consolidados como el programa radiofónico Hora 25, de la Cadena SER, o El Intermedio, de LaSexta TV.

Uno de los temas que mejor ejemplifica este espíritu de búsqueda de nuevas perspectivas, de plasmar realidades duras pero que pueden ser transformadas, es uno de los reportajes escritos por nuestro colaborador Zigor Aldama titulado ‘Un retrete contra los abusos sexuales’. En India, unos 600 millones de personas, la mitad de la población, carecen de váter en casa. Imagine ser uno de ellos. El reto de proveer de inodoro a los hogares del país conlleva unos beneficios que van más allá de los evidentes. Quienes no cuentan con uno tienen que adentrarse en el campo para hacer sus necesidades. Para las mujeres esto puede ser especialmente peligroso, ya que se ven obligadas a buscar algún lugar que preserve su intimidad, lo que las deja en una situación de vulnerabilidad ante posibles violadores. Es una de las principales causas de agresiones sexuales en India. Y esa fue la noticia del pasado 30 de mayo. Dos adolescentes habían sido violadas en grupo y ahorcadas en estado indio de Uttar Pradesh. Todos los medios nacionales e internacionales lo plantearon así. La muerte, el suceso y basta. Planeta Futuro fue más allá y habló de las razones escondidas tras este hecho. Muertes que se podrían evitar con solo tener un retrete en casa.

Pablo Linde

Redactor de Planeta Futuro

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