¿Por qué los móviles se han convertido en la mejor herramienta para los refugiados?

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Las diferentes crisis que se están produciendo en nuestro planeta han derivado en la migración de una enorme cantidad de personas que huyen del horror en el que se han convertido sus hogares.  Entre ellos, el conflicto de Siria es el que actualmente está produciendo los mayores desplazamientos de población por Europa.

Ya vimos durante la llamada “Primavera Árabe” cómo el uso de las redes sociales jugó un papel fundamental  sobre todo como medio para congregar gente, la mayoría de las manifestaciones  se convocaban a través de Twitter o Facebook, de tal manera que los gobiernos represivos llegaron a prohibir el uso de estas redes sociales en su territorio, pero aun así el flujo del cambio fue imparable y los implicados consiguieron encontrar otros medios de comunicación a través de la tecnología digital, tanto para informarse, como para informa al exterior, solicitando así la ayuda de los ciudadanos de otros países. En este sentido muchos fueron los que hicieron las veces de reporteros a pie de calle y en medio de tiroteos con su teléfono móvil como única herramienta, pudiendo así enviar vídeo y texto de lo que estaba pasando en tiempo real. Realmente impresionante e incluso heroico, además de ser una de las formas de periodismo ciudadano que mejor lo ejemplifica, ya que mezcla la intención de informar con la pasión de compartir el entusiasmo de la lucha por el cambio social.

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“Equipaje de un refugiado adolescente sirio”. Foto del International Rescue Commitee.

Quizás ese fuera el inicio del uso de la tecnología digital en aquellos lugares y por eso ahora, en la crisis migratoria que estamos viviendo las redes sociales y los dispositivos móviles también están jugando un papel fundamental tanto como herramienta para los desplazados, por la que se informan unos a otros de los constantes cambios para traspasar una u otra frontera, como para mantenerse unidos entre desplazados o entre los que se van y se quedan.

Cada dato e información que se comparte sobre las rutas es vital en para ellos y les proporciona una gran autonomía que hace que no tengan que necesitar a los traficantes en sus trayectos. En este vídeo de El PAÍS, vemos cómo un refugiado sirio comenta al enviado especial del periódico Óscar Gutierrez que su principal fuente de información durante su viaje está siendo Facebook, sin duda un dato interesante y único en la historia durante una crisis migratoria.

El móvil se ha convertido en la pieza más valiosa de estas personas, que aunque no tengan dinero ni pertenencias no pueden renunciar al servicio que les presta, ya es casi tan importante y vital como usar zapatos. Además de Facebook, que utilizan en su versión texto (Facebook Lite) por lo que tampoco necesitan tener exactamente un smartphone,  su servicio web más usado es Google Maps, que está resultando ser uno de sus mejores aliados a la hora de desplazarse por una rutas, localidades y puntos geográficos que seguramente muchos de ellos no habían ni oído mencionar en su vida. Imaginemos la enorme utilidad que supone para ellos conectar el GPS, algo que nosotros como usuarios normalmente no permitimos para salvaguardar mejor nuestra privacidad, o eso creemos.

WhatsApp también se convierte en este caso en un medio sencillo y más barato de comunicación entre familiares. Sobre todo para compartir imágenes con los seres queridos que se ha quedado y que tardarán mucho en volver a ver.

La parte mala de  las redes sociales en esta ola migratoria sin precedentes es que se ha convertido en un escaparate de las mafias desde el cual exponen su tétrico e-commerce especializado en el tráfico de seres humanos. Con todo el descaro del mundo esta mafias muestran sus tarifas que van de las más caras con avión y documentos falsos que aportan visados e incluso títulos universitarios, a las más baratas por tierra o mar y sin garantía de resultado. Incluso hay tanta competencia entre ellos que llegan a  publicitar ofertas como: “Los menores de 4 años viajan gratis” o “Dos horas a pie por 2.500 €”. Ana Carbajosa en su artículo de El PAÍS “Facebook, el gran bazar de los traficantes”, expone claramente este horrible negocio.

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Las redes sociales también están sirviendo como denuncia y para dar un buen y merecido puntapié contra la injusticia social, como es el caso de la periodista húngara Petra László (http://internacional.elpais.com/internacional/2015/09/09/actualidad/1441789476_442708.html), que echaron inmediatamente del diario online en el que trabajaba por su incívico comportamiento y tras haber agredido a varios refugiados mientras cruzaban la frontera húngara. Gracias a que esas imágenes se hicieron virales creció la presión social ante la repulsa global de estos actos y la respuesta fue determinante e inminente.

Afortunadamente no todos los húngaros están en contra de esta migración, ya que los miembros de la red de ayuda Migration Aid son conscientes de la importancia de internet y procuran que la comunicación de estas personas esté siempre activa. Les facilitan puntos para recargar las baterías e incluso tiene un servicio de préstamo de tarjetas SIM de datos para que planifiquen la ruta y contacten con la familia.

Otra curiosa iniciativa solidaria que se apoya en Internet es “Flüchtlinge Willkommen” (Bienvenidos refugiados), que algunos definen como el Airbnb de los refugiados, porque lo que hace es buscar pisos que puedan y quieran compartir una habitación con algún refugiado a través de su plataforma. La idea no es de ahora mismo, ya que se fundó a finales del 2014, época en la que Alemania ya recibía un buen número de personas huidas de sus países.

Y esta no es la única iniciativa, también Internet tiene mucho que ver en que las administraciones públicas y gobiernos se pongan las pilas para crear redes de acogida que hasta ahora muchos de ellos estaban evitando.

Lo increíble es que todavía pensemos que el uso de estas tecnologías sea de alguna manera exclusivo para países desarrollados (aunque no hay que olvidar que Siria era un país en desarrollo antes de la guerra y había un uso extendido del móvil) y que haya gente a la que le parezca frívolo que una alguien celebre que ha llegado sano y salvo con un ‘selfie’. Efectivamente la gente que ahora mismo puede costearse un viaje  para salir de Siria (aunque sea en pésimas condiciones) no es la población más pobre, pero no por ello dejan de ser personas que huyen desesperadas y con estos ‘selfies’ muestran a sus familares que han conseguido cruzar y que se encuentran bien. En este post de Verne, Ana Marcos nos cuenta “Por qué no debería sorprendernos ver a un refugiado sirio usando un móvil” y donde aparece este ejemplo y otros.

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También cabe señalar que una gran mayoría de estos desplazados tienen estudios superiores por lo que se comprende aún más que estén habituados al uso del smartphone.

También Intermon Oxfam a través del documental “District Zero: ¿qué hay detrás del teléfono de un refugiado?”, quiere recoger el carácter de objeto personal que tiene un móvil para estos refugiados y que va mucho más allá del nivel de dependencia que tenemos en nuestra sociedad

Y aunque estas imágenes de gente con móviles suponen un halo de esperanza, también los móviles pueden servir como testigos de la desgracia de los que al final no lo han conseguido. En el fatídico camión donde murieron asfixiados 71 refugiados, que habían sido abandonados en Austria por traficantes de personas, la mejor forma de identificar a los cadáveres ha sido la información que contenían sus teléfonos móviles.

Foto de cabecera: Laura Hurtado/Intermón Oxfam.
 

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