¿Qué periodismo tendremos en 2030?

Periodismo

Empiezo por explicar el porqué del título de este post: es una pregunta que surgió en un debate reciente y desde entonces la tenemos impresa en una de las sillas de la redacción de TVI. Se trata de una silla que miro varias veces al día y cuya imagen se ha convertido en mi avatar de Twitter. Confieso que me gustaría conocer la respuesta, pero la verdad es que no la sé. Si alguien la sabe, que nos la comunique para que podamos empezar a trabajar desde ya mismo en torno a ella.

De momento, lo que nos puede ayudar a encontrar respuestas es entender qué ha pasado en los últimos tiempos y qué está sucediendo ahora para poder anticiparnos al futuro.

En primer lugar, está claro que acabó el tiempo en que el lector o el telespectador nada o poco sabía. Esto hace que los periodistas ahora tienen que saber todavía más, de forma más rápida y siempre de una manera rigurosa. El desafío es enorme: hay que saber más sobre todo lo ocurre y, por si fuera poco, dar la noticia antes y mejor que otros y siempre con el rigor de los hechos como la norma básica de la información.

¿Cómo se puede saber más? Nunca hay que apartar la vista de las redes sociales. Aquí ya ni siquiera hablamos del futuro, sino del presente, ya que cada día descubrimos historias a través de Twitter, Instagram, Facebook o YouTube. La importancia de este fenónomeno es tal que, al menos en Portugal, el 58% de las personas que tienen Internet en casa están online mientras ven la televisión, según un reciente estudio de Nova Expressão/Marktest.

Los ataques en Francia a la sede de Charlie Hebdo y la acción antiterrorista en Bélgica son un ejemplo reciente y evidente de ello: una parte significativa de las primeras informaciones surgió en las redes sociales. Otros casos serían las primeras imágenes de la caída del avión de Malaysia Airlines (junio de 2014, en Ucrania), que llegaron a la redacción a través de YouTube; los conflictos en Siria; las manifestaciones antes y durante el Mundial de Fútbol de Brasil; la Primavera Árabe… En fin, los ejemplos son numerosos y todos con una enorme dimensión informativa.  Como consecuencia, para un periodista ya es imposible estar desconectado de estas redes. Y estar conectado ya ni siquiera será el debate: la cuestión es cómo podremos y deberemos validar la información que todo ello genera.

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Es ahí, ante este torrente de fuentes de información, donde el periodista tiene que actuar con su deber profesional: el rigor. Esto quiere decir que la confirmación de la veracidad de la información  es fundamental. Será ese trabajo el que permitirá garantizar la confianza que el lector o telespectador exige. Sin esa confianza, cualquier medio de comunicación estará condenado a desaparecer.

Por ejemplo, hace algún tiempo surgió una “noticia” sobre un avión que habría caído cerca de las Islas Canarias. En la redacción, intentamos confirmar la información a través de todos los medios posibles, pero no tuvimos éxito. Mientras tanto, vimos cómo las agencias internacionales como Reuters o cadenas de TV como la BBC decidieron avanzar con la información.  Y la competencia también.

¿Qué hacer en estos casos? ¿Cómo podemos dar esa noticia si no tenemos la confirmación? ¿Avanzamos porque todos los demás lo han hecho o no decimos nada hasta tener algo en concreto?  La exigencia de hacer más y mejor es diaria, minuto a minuto. El rigor tiene que prevalecer al segundo, a la milésima, y el periodista tiene que conocer para informar, sin limitarse únicamente a reproducir algo que oyó o leyó.

Y sí: dimos la noticia citando una fuente oficial de las autoridades que había confirmado la noticia a través de Twitter. Pero diez minutos después, la propia policía retiró el tuit en el que compartía ese suceso y lamentó la precipitación al haber confirmado algo que… no ocurrió. Por lo tanto, nosotros también tuvimos que retirar la información.

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Otro ejemplo es el número de muertos en París en el atentado de enero. En los primeros momentos, y durante el día del ataque y en la tarde de lo sucedido en  Porte de Vincennes y Dammartin-en-Goele,hubo varias informaciones contradictorias, incluso de las propias autoridades. ¿Cómo ser riguroso en un ambiente de alta presión y tensión informativa como éste? ¿Cómo no confundir a la audiencia cuando ella misma tiene a veces acceso a las mismas fuentes de información? Ateniéndonos a los hechos, recurriendo a lo que sabemos con certeza. Porque si lo que sabemos no está claro, podemos ponernos en evidencia y correr el riesgo de ser apenas un perfil en Twitter o en Facebook, sin responsabilidad. Somos más que eso.

De aquí a 15 años, aquí estaremos todos, espero.

Luís Calvo

Periodista de TVI

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