Transformación Digital: por dónde empezar

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El término Transformación Digital se ha expandido en los entornos corporativos en los últimos años hasta tal punto que es raro encontrar una empresa que no hable de un modo u otro de su proceso de transformación, haciendo referencia en ocasiones a una oficina sin papeles o un punto de venta online. Sin embargo, transformación digital implica mucho más.

IDC define la transformación digital como un proceso continuo a través del cual las empresas se adaptan o implementan cambios disruptivos en su organización, sus clientes y su mercado (ecosistema externo) a través de la capacidad de replicar innovación en los modelos de negocio, productos y servicios, para unificar de forma natural el componente digital y el físico. De esta forma mejoran no solo la experiencia de cliente sino también los resultados operativos y la eficiencia de todos los departamentos de la organización.

Desde la evolución del equipo de trabajo y las prácticas de liderazgo, hasta la transformación del puesto de trabajo, pasando por la experiencia omnicanal, o la relación con proveedores y partners, una estrategia de transformación digital ha de incorporar cambios en el modelo operativo y la gestión de información, entre otros. Un proceso de transformación digital con éxito es aquél que involucra tanto a los directivos de la empresa como a las líneas de negocio y genera un entorno de innovación, incorporando tanto los objetivos corporativos, como departamentales. Implica, sin lugar a dudas, la capacidad de diversificar presupuestos a nueva iniciativas que generen, en último lugar, una ventaja competitiva.

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IDC predice que  para el 2018 un tercio de las empresas líder en la mayoría de los mercados europeos actuales sufrirá cambios significativos debido a la entrada de nuevos competidores (y competidores ya existentes capaces de adaptarse al cambio) en las posiciones que hasta ahora ocupaban ellas.

Un proceso completo de transformación digital necesita incorporar varias fases, pasando por lo que IDC reconoce como los cinco estados de madurez:

  • Ad Hoc: estado sin objetivos definidos ni estructura organizada. El éxito suele depender del esfuerzo individual y los beneficios obtenidos no siempre se extienden al resto de los departamentos y corporación.
  • Oportunista: se identifican iniciativas de transformación que han tenido éxito con anterioridad y comienzan a replicarse de manera puntual. La empresa ha identificado la necesidad de transformarse.
  • Repetitivo: los objetivos corporativos a medio plazo incorporan iniciativas de producto y experiencia de cliente digital, aunque no se centran aún en el potencial disruptivo de la transformación.
  • Gestionado: las capacidades de Transformación Digital están perfectamente adaptadas e incorporadas a los procesos y objetivos de la empresa. El negocio empieza a obtener ventajas competitivas frente a sus competidores.
  • Optimizado: la corporación es altamente disruptiva en el mercado a través de su uso de tecnología y nuevos modelos de negocio. El feedback de y para el resto de jugadores del ecosistema es constante y sirve como motor del cambio.

La transformación digital requiere un cambio en el modelo de negocio que implica el paso de una mentalidad centrada en el “hacer-vender” a otra centrada en el desarrollo de la capacidad de interactuar y relacionarse con el ecosistema externo (partners, cliente, vendors, etc.) a lo largo de un proceso de adaptación y diálogo que haga posible el cambio.

El centro de este nuevo modelo no es necesariamente la empresa sino el individuo. Un individuo conectado a través de múltiples experiencias y canales, incluyendo sus interacciones personales, como empleado, consumidor, componente social, etc., cada una de ellas facilitada por interfaces digitales.

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Identificar el estado en el que cada organización se encuentra con respecto a las cinco disciplinas principales de la transformación digital (Liderazgo, Omni-experiencia, Puesto de Trabajo, Modelo Operativo e Información) es el primer paso del proceso.

En el medio y largo plazo, las organizaciones deberán plantearse cuestiones mucho más complejas, tales como la integración de las iniciativas de transformación en la cultura corporativa, la reestructuración del negocio para optimizar la madurez de la misma y la adaptación de las capacidades a la nueva demanda o la integración y transformación del ecosistema de partners y proveedores, etc.


Marta Muñoz

Directora de Análisis y Operaciones de IDC España

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