Tributo a George A. Romero, el padre de los zombis

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Con esta histórica escena de la película La noche de los muertos vivientes, rodada en 1968, se inauguraba uno de los subgéneros cinematográficos de terror que más ha incidido en la cultura social desde los años 70 hasta la actualidad: el género zombi. Su autor, George A. Romero, acaba de fallecer con 77 años de edad víctima de un cáncer y, como no podía ser de otra forma, medio planeta enarbola su parte ‘friki’ y le rinde homenaje al creador de una de las criaturas más aterradoras del cine y la literatura popular. Por eso nosotros hemos querido hacer lo mismo.

Los zombis de Romero nacen fruto de la decadencia humana, de la violencia colectiva y de las crisis mundiales en las que “el hombre es un lobo para el hombre”, como escribió primero Plauto en su drama Asinaria(S. II a.C.) y ratificó después Thomas Hobbes en su obra El Leviatán (1651). Son seres humanos que se convierten en monstruos y víctimas a la vez. Precisamente lo que nos da más miedo de ellos no es que te atrapen y te coman las entrañas, que por supuesto también, sino que acabemos siendo uno de ellos, un muerto caminante sin conciencia que solo tiene el objetivo de comer gente viva y vagar putrefacto por toda la eternidad.

Muchos colocan a los zombis como un producto marginal. Ni son tan elegantes como los vampiros, ni tan salvajemente sexis como los hombres lobo, pero lo cierto es que resultan tan seductores como repulsivos, por lo que generan en el espectador atracción y miedo a partes iguales. De ahí que este producto del género apocalíptico haya producido desde que Romero les ‘dio la vida’ cientos de contenidos derivados que han originado grandes beneficios económicos.

Podría decirse que los zombis han sido siempre una tendencia en alza. Desde películas, series de televisión de éxito, abundante literatura, docenas de videojuegos, cómics, anuncios publicitarios, marchas donde disfrazarse de zombi e incluso campamentos en los que enseñan a sobrevivir en un holocausto de este tipo. Lo curioso es comparar las cifras de lo que costó La noche de los muertos vivientes, algo más de 100.000 euros, que además fue proyectada en unos pocos autocines de la época, frente a las que mueve la serie The Walking Dead, donde rodar cada capítulo cuesta una media de 3,4 millones de dólares y tiene una audiencia de más 13 millones de espectadores. Esto pone de manifiesto el poder del legado de Romero y de cómo ha ido construyéndose.

Algo que también muestra el poder creativo de George A. Romero es que el prototipo de zombi de su primera película ha sobrevivido sin apenas variaciones hasta ahora. Ese ser sin conciencia, con movimientos lentos, sonidos guturales, que infecta a otros a través del mordisco, que devora gente viva y que solamente puedes eliminar si le dañas el cerebro, ha sido el modelo de todos los contenidos del género y a penas se han hecho de él más que algunas pequeñas adaptaciones para intentar evolucionarlo: como que pudiera ir más deprisa o incluso correr y dar saltos olímpicos, así aparecen en el film 28 días después, en Rec o en la novela Los Caminantes de Carlos Sisí; o que sufran mutaciones, como en la saga de videojuegos Resident Evil, o transformaciones de otras especies como en la película Zombeavers (Castores zombis); o incluso que den más risa que miedo como en la comedia británica Zombies Party (Shaun of the Dead), la cubana Juan de los muertos o el videojuego Plantas vs Zombies. Hasta Romero se permitió el lujo de dotar a los muertos de cierta inteligencia organizativa en su última película La resistencia de los muertos. Otros contenidos, la mayoría, sin embargo se mantienen fieles al modelo original del monstruo: The Walking Dead, Re-Animator, Planet Terror, entre otros cientos. Lo cierto es que con variaciones o sin ellas, todas hacen tributo a aquellos primeros zombis modernos de  George A. Romero.

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