La normalización del ‘smartphone’


  Blake Skin

 Traducción de José Manuel Carballo, PRISA Corporativo

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“Cuando mi madre se compró un smartphone, no lo quería para buscar noticias, sino que pensó en él como un móvil con mejor cámara de fotos y una agenda con calendario y correo”

Mientras algunos observan a Mary Meeker y a otros periodistas supuestamente versados en periodismo digital para entender el futuro de la tecnología y su impacto en nuestra cultura, yo me fijo en mi madre, que se dio de alta en Facebook hace tres años. Tras las inevitables bromas de “esto ya no es lo que era” (sin duda alguna las mismas que hacían a mis espaldas pocos años atrás, cuando permitieron la entrada a profesionales como yo, con direcciones de correo “puntocom”), me di cuenta de que las redes sociales no están al margen de la vida real. Forman parte de ella.

El pasado diciembre, mi madre por fin cambió su teléfono móvil normal y corriente por un iPhone 4S. Habitualmente, por Hanukkah le compro libros, pero esa costumbre se vio interrumpida cuando se hizo con un Kindle. Así que este año me ofrecí a configurarle el teléfono, instalarle las aplicaciones y enseñarle cómo usarlo. 2013 será, pues, el año en que mi madre empiece a tener las noticias en su teléfono. Por extensión, el público ya no considera que los dispositivos móviles sean una novedad, sino que éstos se están convirtiendo en una herramienta habitual, práctica y nada sorprendente, usada para obtener y analizar información. Tanto es así, que esta misma frase podría ser una obviedad dentro de 12 meses.

Si la frase anterior ya le resulta demasiado obvia, recuerde que es un lector del Nieman Lab y que su consumo voraz de noticias móviles (o el mío: Tweetbot; las “últimas horas” del New York Times; ScoreCenter para los resultados y fichajes de los Knicks; Downcast para escuchar On The Media mientras salgo a correr; un puñado de newsletters a través del correo electrónico; Instapaper para cosas que encuentro en ésta y en Twitter) probablemente no sea una buena vara de medir a mi madre. Al menos no en este momento. Cuando le enseñé a mis padres el video de YouTube sobre la explosión de la subestación eléctrica que les dejó sin luz durante el paso del huracán Sandy, lo hice en mi iPhone, y les pareció un truco de magia. Mi madre no es de las que retroceden de horror esqueomorfista ante una estantería de madera que representa un kiosco, sino que quiere saber para qué sirve.

Cuando mi madre se compró un smartphone no lo quería para buscar noticias, sino que pensó en él como un móvil con mejor cámara de fotos y una agenda con calendario y correo”. Pero además están las aplicaciones, que van a convertirse en su puerta hacia la experiencia de las noticias móviles. Tiene la NPR (la National Public Radio) en todos los aparatos de radio de la casa, así que nos descargaremos esa aplicación. Luego están las apps de sus cabeceras impresas de confianza (The New York Times, The New Yorker, Comsumer Reports – Guía para consumidores), a las que estoy intentando que se conecte mediante las suscripciones que tiene. Le conseguiré una suscripción gratuita de prueba a The Awl: Weekend Companion, una nueva app publicada por mi nueva empresa, porque sé que le gustarán artículos como ese que habla de la economía alrededor de los crucigramas. Ahora bien, si la llegara a usar únicamente por lealtad familiar, hay en camino más títulos de 29th Street Publishing que estoy seguro le van a interesar. Le enseñaré cómo crear iconos de páginas web en la pantalla, y también la animaré en relación a la lectura en diferido y el podcasting, aunque sé que tiene muchas otras cosas que leer y escuchar, así como hábitos que serán difíciles de cambiar hasta que lo hagan por sí solos.

No podré estar pendiente de ella todo el rato, así que deberá apañárselas sola la mayor parte del tiempo. Sus amigos, mi hermana y yo le iremos enviando, a lo largo del año, mensajes de texto y correos electrónicos con enlaces dentro, y eso la llevará por nuevos caminos. Y entonces sucederá algo grande – espero que no sea demasiado catastrófico, pero siempre ocurre algo – y ese suceso provocará más cambios, incluso aunque el servicio de telefonía móvil quede interrumpido durante un rato.

No sé qué estará haciendo mi madre con su teléfono dentro de un año. Sólo sé que el dispositivo habrá pasado a formar parte de ella y que aquellos que nos dedicamos a recopilar información, contar historias que ayudan a darle sentido y a suministrárselas a ella y demás público, debemos estar ahí.

 

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· Blake Eskin es director editorial y cofundador de 29th Street Publishing. Anteriormente fue director de NewYorker.com.

· José Manuel Carballo es director de Procesos de Negocio y Demanda de Aplicaciones de PRISA Corporativo.

 

 

 

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