No siempre puedes conseguir todo lo que quieres


  Staci D. Kramer

  Traducción de Victoria de la Rosa y Natalia Santiago, PRISA TV

> Ir al artículo en inglés
> Volver al listado de artículos

 

En 2013 puede que encuentres la satisfacción, pero probablemente no conseguirás todo lo que quieras donde quieras, aunque estés dispuesto a pagar por ello

Vivimos en un tiempo sin precedentes en cuanto al acceso al entretenimiento, a las noticias y a la información (incluso a nuestros propios datos). Pero ese acceso requiere navegar por un laberinto digital con peajes, puertas escondidas, compuertas que sólo se abren en una dirección, salidas falsas y giros engañosos, junto con algunos caminos despejados y con arreglos florales. Me gustaría poder decir que será más fácil en 2013, pero no es así. Y si hay algo que puedo predecir con seguridad es que la claridad no se vislumbra ni siquiera en un futuro a medio plazo. ¿Por qué? Por tres razones:

 

Dinero

O, hablando más claramente, la necesidad de hacerlo. Esto se aplica tanto a los medios de comunicación tradicionales y grandes gigantes de Internet como a las empresas de nueva creación (startups). En el nivel más básico está toda la gente que produce vídeos de gatos o fotos de puestas del sol y que todavía tienen que ver cómo consiguen dispositivos o a alguien que pague o, al menos, subvencione el almacenamiento y la distribución del contenido que producen). Casi todos cuentan con modelos de negocio basados en publicidad, suscripciones, ventas, licencias/sindicación o una mezcla de todo salpicado con otras fuentes de ingresos. Cómo manejen esas líneas de ingresos marcará el contenido al que vamos a poder acceder.

Esto no es nuevo en la era digital. Por ejemplo, relativamente pocas operadoras de cable distribuyen todo su contenido y la paquetización de canales se hacía mucho antes de que comenzáramos a ver la televisión en el móvil. Los grandes estudios cerraban acuerdos exclusivos con los canales “Premium”, como HBO, Showtime y Starz, para que sus contenidos fueran sólo para miembros y clientes. Pero la llegada de internet marcó la diferencia al abrir opciones a los consumidores, creadores y distribuidores a través de dispositivos y plataformas. Cualquier lector de estos temas sabe que la creciente dependencia de lo digital cambia la estructura económica tanto como la gente cambia su manera de acceder al contenido.

Los medios tradicionales, desde el New York Times a la unidad de CBS que genera más ingresos, están obligados a encontrar un equilibrio para obtener los máximos ingresos  de sus legados mediáticos durante el máximo tiempo posible, aprovechando al máximo lo digital e intentando suplir sus carencias. Esto nos conduce a los acuerdos de derechos que pueden bloquear el acceso a ciertos servicios durante un día o una semana o a todo el mundo excepto a sus suscriptores. Esto implica pagar por acceder después de leer 10 ó 20 artículos, encontrar otras entradas, cambiar de proveedor de noticias o, quizás, contestar a una pregunta para leer un artículo. Podemos pagar para ver en casa encuentros de la MLB.com que están fuera del mercado deportivo; podemos ver todos los partidos de Wimbledon desde cualquier parte de los EE.UU., si pagamos a un proveedor que tenga un acuerdo con ESPN y podemos verlo desde las aplicaciones correctas en los dispositivos adecuados.

El “consigue primero una audiencia, el dinero llegará” de las startups añade incertidumbre, especialmente cuando las líneas de negocio no se explican clara y detalladamente a los usuarios desde el principio. El ejemplo más reciente es el gran número de usuarios de Instagram que suprimieron sus cuentas antes de aceptar las nuevas condiciones del servicio relacionados con una posible explotación publicitaria en el futuro de sus fotos, dejando tras de sí una estela de enlaces rotos. Funcionalidades, productos y hasta empresas enteras desaparecen cuando, para complacer a la audiencia, no obtienen suficientes ingresos o no pueden cumplir con las condiciones de financiación, dejando atrás a usuarios decepcionados y, a veces, desorientados.

Los contenidos tienen dificultades para sobrevivir ya que no hay dinero para producir, almacenar o distribuirlos. Y los buenos contenidos lo tienen todavía más difícil para que ni siquiera puedan existir. Uno de los puntos a favor de 2012 ha sido el uso del crowdfunding (financiación colectiva) por una amplia gama de proyectos de nicho: desde la serie de libros de Plympton a extensos textos científicos de Read Matter, y un montón de vídeos. En 2013, comprenderemos mejor cómo funciona el crowdfunding y veremos si otras empresas, al margen de Kickstarter, son viables.

 

Derechos

Hay mucho contenido disponible en formato digital. Pero hay otra gran cantidad que no. Mi sobrina de 12 años quiso leer  “Matar a un Ruiseñor” en su Nook  o en el Kindle de su madre. Encontró muchos manuales que hablan de esta historia y que  se pueden descargar, pero, en concreto, el clásico de Harper Lee no está disponible en digital, al menos legalmente. Se tuvo que conformar con una edición en papel y de bolsillo. Parte de esto se debe a un capricho del autor, Ray Bradbury, que retuvo los derechos de digitalización de la mayor parte de su obra hasta justo antes de su muerte, a mediados del año pasado. Ahora, HarperCollins está digitalizando el catálogo de sus libros. Su redactora en HarperCollins, Jennifer Brehl, me dijo poco después de su muerte que ella le animó a que diera un paso con valentía hacia el futuro  y, finalmente, accedió. Todos sus libros estarán disponibles en digital para las bibliotecas, incluso aunque la política de la editorial sea contraria. Algunos derechos son demasiado difíciles para obtenerlos retroactivamente (“Playa de China” no está disponible en DVD, y mucho menos en streaming).

Aunque haya libros, películas, o canciones ya digitalizados, la disponibilidad de éstos no está garantizada. Una película que esté hoy en Netflix podría estar “no disponible” al mes siguiente, dependiendo del acuerdo al que se llegue con el estudio. Una editorial podría sólo dar acceso a algunos títulos, a algunas bibliotecas o permitir el préstamo sólo en ciertos formatos vinculados a determinados dispositivos. Los títulos podrían ser exclusivos para Amazon o Nook. Puedes crear MP3 de las canciones de un CD de los Beatles, pero sólo las puedes comprar en formato digital a través de iTunes. En un site de noticias puedes compartir un artículo desde la web pero no desde su aplicación. La serie de conciertos “Live on Letterman” de CBS-VEVO se puede ver en directo a través de Google Chrome en un PC,  pero no a través de Google Chrome en Google TV. Si compras algo en EE.UU. podrías no verlo en Alemania. Intentar asegurarse el acceso offline a contenidos en la nube o descargárselos puede ser como jugar a un juego de trileros, a veces sin nada en los cubiletes. Si te olvidas de sincronizar, podrías tener un vuelo largo y silencioso.

 

Tecnología

Los avances tecnológicos nos facilitan el acceso a todo desde cualquier sitio y, a la vez, facilitan el control de lo que podemos conseguir, cuándo y cómo, a no ser que seas más pirata que el consumidor medio. Las decisiones tecnológicas, como, por ejemplo, bloquear el Flash desde un sistema operativo o saltarse las restricciones de ecosistemas de aplicaciones cerrados utilizando navegadores en HTML5, cambia quién puede tener acceso, cómo, qué está disponible y dónde. La decisión más importante que tuvo que tomar News Corp. para el lanzamiento de The Daily fue la de hacerlo para la plataforma cerrada de iOS. Casi todo lo demás – el coste, los problemas iniciales de entrega, la falta del tipo correcto de publicidad,  y en última instancia, su cierre – surgieron de ello.

La forma de encontrar el camino para los consumidores en este laberinto consiste en escoger un ecosistema aferrándose a él, aceptando las limitaciones desde el principio y sabiendo que habrá más. Esto es reduccionista, pero atractivo. Puedes jugar a la ruleta de los dispositivos y suscripciones, esperando que, al hacer la mezcla, cubra las opciones que te interesan.

En 2013 puede que encuentres la satisfacción, pero probablemente no conseguirás todo lo que quieras donde quieras, aunque estés dispuesto a pagar por ello.

 

————————————————

· Staci D. Kramer, antigua editora de paidContent, ha estado escribiendo y participando en la convergencia de la tecnología con los medios, el entretenimiento y los deportes desde antes de la web.

· Victoria de la Rosa es secretaria de Gestión de Negocio de Televisión de pago en PRISA TV y Natalia Santiago es ayudante de Compra de Derechos de Cine y TV en PRISA TV.

 

 

 

MENU