¿Es factible la economía cibernética-planificada como alternativa a la economía de libre mercado? El inacabado proyecto Cybersyn

La ciencia moderna, y en particular la computación electrónica, ofrecen al gobierno una nueva oportunidad para tratar con los complejos problemas modernos de la economía.Hemos encontrado que en los llamados países avanzados, el poder de la ciencia no ha sido utilizado aún. Hemos desarrollado un sistema con nuestro propio espíritu.

Lo que escucharán hoy es revolucionario. No simplemente porque esto es la primera vez que se realiza en el mundo. Es revolucionario porque estamos ante un esfuerzo deliberado para darle a la gente el poder que la ciencia nos da, en una forma en la cual la gente podrá usarla libremente.

Discurso de Salvador Allende en la inauguración del proyecto Cybersyn (1972).

Entre 1972 y 1973, nació en Chile el proyecto Cybersyn, un sistema de gestión de la información y el conocimiento para planificar los recursos económicos de todas las empresas del país. El sistema unía los centros operativos de las empresas mediante una red de 500 Télex. La información era procesada en el ECOM, (Empresa de Computación e Informática de Chile), de ahí pasaba a la sala de operaciones central, donde mediante el simulador DINAMO (teorizado por el Club de Roma y Jay Forrester), se interpretaba la información a través de escenarios predictivos que agregaban más datos económicos con otros datos científicos y políticos, integrando la escala nacional y la internacional. Con todo ello, se devolvía la información a las empresas y al gobierno  para que tomasen la mejor decisión posible. A miles de kilómetros de Chile, casi a la vez que el presidente Allende daba por inaugurado Cybersyn, se hacía la primera demostración pública de la red ARPANET por el grupo .

El principal impulsor de Cybersyn y, en concreto, de la red de procesamiento de datos (llamada Cyberstride), fue el británico Stafford Beer, pionero en el campo de la cibernética organizacional, y autor de la obra de culto “The Brain of the Firm”. Su visión concebía la cibernética aplicada al funcionamiento de la empresa y del Estado para implantar un sistema nervioso colectivo, a través del cual correrían importantes decisiones, tanto a nivel administrativo como político, económico y cívico. Se trataba de poner en marcha “un cerebro tecnológico común para gestionar a toda la industria”.

En la práctica, el sistema nunca fue utilizado en su totalidad por múltiples razones, tanto técnicas como políticas. Aunque apenas hubo tiempo para testar su estructura, sí se puso en marcha cuando se coordinó el abastecimiento de mercancías durante la huelga del transporte de octubre de 1972, organizada por un grupo de extrema derecha. Desafortunadamente, cuando los militares dieron el golpe de Estado, al no entender su uso, destruyeron irremediablemente todos los desarrollos y los equipos del proyecto.

En síntesis, Cybersyn desarrolló diferentes aplicaciones orientadas a integrar un sistema tecnológico y teórico, creando un flujo de datos que abastecería de información –casi en tiempo real- a los diferentes usuarios del sistema, los cuales podían ser ministros, el gabinete presidencial, las empresas y diversas organizaciones. Además, en su fase más desarrollada (llamada Cyberfolk), pretendía integrar la participación ciudadana desde el hogar para la toma de decisiones gubernamentales. Se trató de una de las primeras iniciativas emergentes de e-goverment. Otro de los grandes méritos del proyecto Cybersyn fue extender el concepto de crear e incentivar grupos de acción y desarrollo en ambientes colaborativos de trabajo, utilizando herramientas de gestión de la información realmente eficientes.

Ya con perspectiva, fue uno de los intentos más audaces de implantar una realidad sociocultural postindustrial abierta e interactiva. Hoy en día, muchos de sus ideales son completamente factibles gracias a los avances tecnológicos y a los paradigmas de la era híbrida de la Sociedad de la Información. Pero el elemento que más me interesa para la reflexión es cómo se puede aprovechar la visión de aquel proyecto inacabado (al igual que el proyecto de Ilustración) para lograr una inmunización sobre los desequilibrios distributivos y de asignación de recursos de la economía de mercado.

Entre las ventajas intrínsecas de una economía planificada se encuentra el valor de realizar inversiones en infraestructura a largo plazo (tecnología estratégica), dado que se puede hacer sin el miedo de un descenso en la demanda de mercado (o pérdida de la confianza), lo que suele llevar al abandono de un proyecto. Esto quiere decir que la demanda de consumo se puede retener a favor de una mayor inversión de capital para el desarrollo económico de un modelo específicamente deseado. Por ejemplo, el Estado puede comenzar a construir una industria pesada sin esperar largos años para acumular el capital de inversión ni optar obligatoriamente por el endeudamiento financiero. Beer creía profundamente en el principio básico de la ingeniería cibernética: la regulación de la variabilidad de los sistemas mediante planificación y corrección permanente.

Este mismo principio exportado a un entorno de planificación económica lo concibo como un proceso de inmunización artificial en constante retroalimentación: apostar por una intervención regulatoria a modo de vacuna atenuada (una atenuación que toma a un agente infeccioso y lo cambia de un modo que lo hace inocuo o menos virulento).

Hoy en día, el desarrollo computacional avanzado permitiría crear un plan de producción único, global y exacto, eliminando el problema del cálculo económico y atenuando los desequilibrios bruscos fruto de las fluctuaciones especulativas del mercado. Bajo este marco conceptual, se podría articular un embrión político y tecnológico para gestionar un “Socialismo Digital Europeo (SDE) efectivo y consensuado desde la centralidad del bien común de la UE.  En realidad, aunque esta etiqueta, “SDE”, suene compleja de implantar, los planes de avance de la denominada Europa Digital 2020 tal y como estaban previstos justo antes de las incertidumbres sobre el euro y el destino financiero de los países del Sur, tenían un componente planificador, al menos en apariencia.

Quizá se trata de profundizar no sólo en la vía de la inversión en nuevas infraestructuras tecnológicas sino también en el modo de regular el consumo de un modo racional y no exuberante, e incentivar la asignación de recursos públicos sobre las industrias adecuadas. Dejo abierto el debate para quién le pueda interesar.

Alberto González Pascual
Knowledge Manager
PRISA Digital

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