Cinco falsos mitos sobre la creatividad

Have an idea

Cada segundo, nuestro cerebro realiza 100 billones de operaciones. La mala noticia es que aún se desconoce qué hace exactamente, algo fundamental para sacarle el máximo partido a esa vertiginosa actividad. Pero la neurociencia está en ello y confía en encontrar el modo de introducir hábitos en esas operaciones, así que quizás algún día todos podamos “adiestrar” aquello que hacemos inconscientemente para aplicarlo a nuestro día a día como lo haría un genio.

Aunque de momento no hace falta apuntar tan alto. Basta con derribar o, al menos, saltar algunas barreras con las que nos topamos a menudo para potenciar nuestro talento y dar rienda suelta a nuestra creatividad. Así será posible iniciar ejercicios de innovación y transformación que en un primer momento se antojan complicados. En concreto, el escritor y economista Fernando Trías de Bes habla de cinco falsos mitos que actualmente frenan nuestra creatividad:

1. La creatividad es un talento natural. Se tiende a pensar que las grandes y novedosas ideas proceden únicamente de mentes brillantes. En realidad, la creatividad es algo inherente a la naturaleza humana: somos creativos porque dudamos. Por lo tanto, cualquiera que es capaz de conectar dudas e ir resolviéndolas está llevando a cabo un ejercicio de creatividad.

2. La creatividad no puede enseñarse. Muy al contrario, la creatividad no solo puede enseñarse, sino también ejercitarse. El filósofo, ensayista y pedagogo José Antonio Marina deja muy claro que la creatividad es un hábito como otro cualquiera que se aprende por repetición. En este sentido, el gran reto de la educación consiste en lograr transferir, además de conocimientos, una serie de hábitos que permitan resolver mejor los problemas y desafíos. “El talento no está al principio, sino al final de la educación”, remarcó Marina en la última edición del Congreso de Mentes Brillantes.

3. La creatividad equivale a un gran salto. Cuando buscamos ideas innovadoras o creativas, solemos equipararlas a soluciones que deben trascender, romper moldes o fijar un hito. Sin embargo, los pequeños saltos también valen y las grandes innovaciones a menudo son la suma de numerosas pequeñas mejoras implantadas a lo largo del tiempo. Lo importante es contar con un sistema o método que canalice esas pequeñas aportaciones.

4. La creatividad no puede interferir en los protocolos. Existen dificultades para introducir la creatividad en el sistema educativo porque educar a un ser humano implica socializarlo a través de protocolos para la eficiencia. Pero no es imposible. El reto consiste en compatibilizar las nuevas ideas con los modelos existentes y esto se consigue ensayando las innovaciones en “laboratorios”, es decir, en ámbitos fuera de los protocolos. Se trata de probar, experimentar, equivocarse, almacenar errores y, una vez que contemos con nuevas ideas igual de válidas y eficientes que los protocolos, trasladarlas al lugar donde deben aplicarse.

5. La creatividad no debe cuestionar los modelos. Muy relacionado con el anterior, este falso mito se basa en que la mente humana es convergente, es decir, actúa reconociendo lo ya existente y le cuesta someter a revisión los modelos. Pero para ser innovadores, es necesario descomponer la realidad en partes. No en vano, la creatividad a veces se define como “el arte de provocar”, para lo cual hay que dejar atrás las inhibiciones derivadas de nuestra inserción en la sociedad y del sistema educativo.

José Ángel Plaza
Equipo de Transformación de PRISA

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