Corrección digital: renovarse o morir

Vivimos en la era digital, la convivencia del soporte papel y el digital es un hecho desde hace bastante tiempo; y en algunas áreas, como la prensa, lo digital ha tomado claramente la delantera. Es evidente que el libro en papel tiene mucho camino que recorrer, algo tan bien inventado no puede desaparecer de la noche a la mañana. Pero cada día vemos a más gente en el metro o en el autobús con un libro digital (nada de e-book) que, mal que nos pese a los románticos defensores del papel, está evolucionando a pasos de gigante.

Como decía, estamos en la era digital y los que nos dedicamos a la corrección de pruebas somos conscientes de ello. Hace ya mucho que, como el resto de los mortales, utilizamos Internet como fuente de información. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua y el Panhispánico de dudas cogen polvo en la estantería sustituidos por sus hermanos digitales, colgados en la página web de la Real Academia Española (RAE). Aunque hay que tener cuidado, porque la RAE no tiene actualizada su página al 100 % y las novedades de la Ortografía de la lengua española, de reciente publicación, no están incorporadas.

En Santillana Educación seguimos corrigiendo un alto porcentaje de los textos en papel, pero el avance del soporte digital es imparable. Corregir en pantalla tiene sus dificultades, es lógicamente mucho más cansado para la vista (¡quién no imprime un documento cuando excede una determinada extensión!) y, a no ser que se utilice una tableta gráfica, no permite el uso de las marcas de corrección, que para nosotros son un atajo a la hora de indicar un error. Pero también tiene grandes ventajas: la obvia y principal es la posibilidad de enviar el documento para revisar o el ya revisado en cuestión de segundos y con un coste mínimo a cualquier parte del mundo. Otra ventaja es que, en determinados trabajos, somos los propios correctores los que introducimos directamente los cambios en el documento, ahorrando así trabajo al departamento de composición y evitando el paso intermedio que supone la comprueba de los cambios marcados. Sin embargo, un problema importante que se nos plantea cuando queremos introducir la corrección en el flujo de trabajo editorial es el control del trabajo del corrector. Cuando nosotros corregimos en papel, entregamos las pruebas y el editor es quien decide los cambios que quiere realizar y los que no. Hay cambios necesarios que no admiten discusión, pero otras veces hacemos sugerencias de estilo u observamos algo que sabemos que no es correcto, pero no estamos capacitados para resolverlo.

Corrección en pantalla con Acrobat X Pro

Word es una herramienta muy útil a la hora de corregir originales. Utilizando el Control de cambios del menú Revisar podemos indicarle al editor las modificaciones que hemos realizado en el documento, que aparecerán normalmente tachadas o sobrescritas en rojo. De este modo, la persona que recibe el trabajo podrá ver fácilmente nuestras observaciones y decidir si las quiere incorporar o no. Dicho esto, voy a hacer un inciso. Sé que la mención de las palabras «corregir» y «Word» conduce inevitablemente a pensar en la revisión ortográfica y gramatical que incorpora este programa y a la pregunta: «¿Para qué sirven los correctores si Word corrige automáticamente?». Comprendo que para los que trabajamos en el ámbito editorial es algo sabido, pero no está de más la advertencia. El corrector automático de Word puede tener su utilidad para detectar algunas erratas. Pero la revisión gramatical es prácticamente inútil, la ortografía contempla errores (corrige cosas que están bien y admite expresiones o palabras erróneas), da siempre por buenas palabras que se escriben con o sin tilde cuando significan cosas distintas (mas/más; de/dé; se/sé…). Para rematar la faena, los correctores de Word están desactualizados, pues no han incorporado los cambios de la nueva ortografía de la RAE. Así, por ejemplo, considerará correctas palabras como *truhán, *guión o *rió, que según las nuevas normas se escriben siempre sin tilde. Pero, sobre todo, una herramienta como Word es incapaz de entender lo escrito, y eso impide la corrección de estilo y de contenido. La literatura y el cine de ciencia ficción deberían habernos enseñado ya el peligro de confiar demasiado en las máquinas.

Decíamos que Word nos resulta útil cuando se trata de originales. En cambio, si las pruebas están ya maquetadas, podemos emplear el , que permite corregir en formato PDF. Con las herramientas del Acrobat X Pro tenemos la posibilidad de marcar textos, tacharlos e introducir distintos tipos de notas. En este formato, el editor verá nuestras marcas como si fueran en papel, así que después de la revisión del editor, necesitaremos que otra persona realice estos cambios en el documento.

Pero la corrección digital va más allá de la mera adaptación del formato papel a la pantalla. En la actualidad, en el departamento de Corrección de Santillana estamos corrigiendo ya libros digitales. Leemos en pantalla, corregimos en html, en Word, en PDF… También trabajamos con SantillanaGO, una plataforma digital para la generación de actividades y recursos on-line. Nuestros soportes son ahora los CD y los lápices de memoria, en ellos corregimos los Libromedia (con los que Santillana se está posicionando en el mercado digital de los libros de texto). No solo nos encargamos de la corrección ortotipográfica, sino que también comprobamos su funcionalidad.

Hay que ponerse al día y la formación siempre ha sido un arma fundamental para reciclarse laboralmente. Aunque son pocas las empresas que se dediquen al área de la corrección, una de las más renombradas en España es Cálamo & cran, que ofrece interesantes cursos, algunos de ellos orientados a la corrección y a la edición digitales.

No es que nos haga especial ilusión corregir en pantalla; pero, como suele decirse, es una cuestión de renovarse o morir y me temo que, poco a poco, los correctores dejaremos de usar nuestras artísticas llamadas y enmiendas, signos con los que hemos convivido durante tantos años. Cambiaremos el bolígrafo rojo y el lápiz por el teclado y el ratón; el papel, por la pantalla. Abandonaremos nuestras señas de identidad; señas que, en un futuro, serán cosa del pasado.

Nuria del Peso Ruiz
Responsable del departamento de Corrección y control de calidad de SANTILLANA Educación

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