Arqueología digital. De la Larousse a Twitter

Ahora que se acerca el Día de Internet me ha dado por echar mano del disco duro y rebobinar hacia mi pasado analógico. No soy nostálgica, así que he decidido desempolvar solo algunos pequeños trastos viejos. Ahí va:

Cartel estilo vintage para la campaña de maximidia.com.br

  • Cuando iba al cole usaba la enciclopedia Larousse para hacer los trabajos. Era el único ‘buscador’ de mi casa.
  • Supe lo que era internet cuando estaba en la universidad.
  • Pasé la adolescencia sin mensajería instantánea. Y ya puestos sin emoticonos, sin abreviaturas…
  • Las fotos no se compartían. Se enseñaban (el único rastro digital era el increíble número de huellas con el que acababan), se hacían copias y hasta se enviaban, pero por correo (del ordinario).
  • ¡Tuve mi primer ordenador conectado a la red en casa ya con 24 años! Pero sólo a partir de las seis de la tarde si no quería arruinarme, claro.
  • Tenía 25 ó 26 años cuando hice mi primeras compras online. Primero me animé con eBay. Y después un viaje, claro.


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Viví hasta cerca de los 30 años acostumbrada a guardar largas colas para comprar una entrada para el cine o el teatro. Leer el periódico a primera hora de la mañana sin salir de casa me parecía un lujo. Si quería conocer el saldo de mi cuenta tenía que ir al banco. Comunicarme desde o con el extranjero suponía o un gran desembolso o conversaciones telegráficas en modo “Todo bien. Volveré a llamar”. Ah, y lo de enseñar las fotos, sólo a la vuelta y en papel, claro. Reservar un hotel de un lugar desconocido era casi un acto de fe ciega. Y como estas, otras miles de cosas que se han instalado en mi rutina diaria. Ahora simplemente me cuesta imaginarme preparando un viaje sin internet, reservar un hotel sin ver antes su página web y rastrear las críticas de otros usuarios, o perderme en una ciudad sin recurrir a Google Maps desde mi móvil.  Ya no imagino comprar un billete de avión o de tren en una agencia y me alivia saber que si mi nevera está vacía, siempre puedo ponerle remedio desde mi sofá a la hora que yo quiera. Ya no imagino un día sin leer algo interesante en Twitter o sin mantener el contacto con viejos conocidos en Facebook de vez en cuando y hablar con amigos del otro lado del charco en Skype. Pero sobre todo, ya no imagino cómo sería un día a día sin abrir la gigantesca ventana de internet. ¿Un día sin consultar algo, sin buscar algo? Cuesta, ¿no?

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Me pregunto cómo verá un nativo su vida digital en un momento de ‘flashback’ con 40 años. Cómo debe ser haber crecido con una pantalla táctil conectada a internet. Haber nacido con las redes sociales en marcha. Y a ti, ¿cómo te ha cambiado la vida internet? Cuéntanoslo comentando este post, enviando tu mensaje a nuestra cuenta de twitter (@toyoutomeblog, añadiendo el hahstag #DiadeInternet ) o un correo a toyoutome@prisadigital.com. Queremos celebrar el Día de Internet, el próximo 17 de mayo publicando las mejores historias y anécdotas de nuestros usuarios.

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