De la yogurtera a la red… Feliz Día de Internet

Uno no llega al trabajo por la mañana ni llama a su pareja o a su familia para decirles, “eh, feliz Día de Internet”. Tampoco hay regalos, libros, rosas rojas y cena para dos. Pero el caso es que ¿por qué no celebrar el  Día de Internet? ¿Algún plan? En la página diadeinternet.org han subido una guía práctica en la que puedes encontrar casi todo lo que se ha organizado en España, México y Suiza filtrando la búsqueda por actos oficiales, eventos online, por temática, geográfico o por edad a la que van dirigidos.

Si te gusta todo lo relacionado con la educación te recomiendo el CaféCREA. Se estrena precisamente hoy (volverá cada trimestre) y está organizado por Ineverycrea, la comunidad de la creatividad educativa. Dolors Reig, psicóloga yeditora de El Caparazón, uno de los blogs en lengua española más incluyentes en el ámbito de la innovación, la educación y la tecnología (). Reig abre esta primera charla con el tema “Aprendizaje aumentado”. Puedes asistir al evento en el Centro de Innovación Ballestas de Madrid a las 17.00 o bien seguirlo online en streaming (www.ineverycrea.net) y enviar tus preguntas vía Twitter a través del hashtag  #cafecrea.

Y aunque no sea día de regalos lo prometido es deuda. Hace unos días, en nuestro post ‘Arqueología digital. De la Larousse a Twitter’ os contaba algunas cosas del disco duro de los recuerdos y os prometíamos publicar algunos de vuestros mensajes. Pues bien, hemos recopilado algunas de esas historias salidas del lado más digital de vuestros corazones y hemos tratado de ‘envolverlas’ lo mejor posible. Esperamos que os gusten.

Mi abuela cumple 99 años

Desde Argentina, María Fernanda Maquieira nos envía su reflexión casi convertida en relato. ¿Qué piensa su abuela cuando ve la frenética actividad digital de sus bisnietos?

 “Do Androids dream of electric Sheep?”

Philip K. Dick, 1968.

“Mi abuela cumple 99 años. Posee una memoria prodigiosa: puede relatar de

cuando nevó en Buenos Aires en el ’18, o comentar cuál fue el resultado del

último partido de fútbol del campeonato de Primera B nacional, o describir

el lugar donde se conocieron sus padres, o precisar cuánto hace que no voy

a verla al geriátrico. Recuerda vívidamente el rumor de las ovejas pastando

en la montaña, y el aroma de la sfogliatella napolitana. Todavía borda

carpetitas de organdí, mientras escucha la radio y sabe reconocer si un tango es de Lepera o de Manzi.

Mi abuela no tiene GPS ni móvil ni computadora. No conoce Youtube ni Wikipedia ni WhatsApp. Nunca viajó en avión,

ni habló por Skype, ni usó tarjeta de crédito, ni leyó un ebook, ni necesitó Wifi.

¿Sueña la nona con ovejas en blanco y negro?

Sus bisnietos la visitan como si llegaran al museo de paleontología: en puntas de pie, con ojos asombrados y miedo a romper algo.

Son chicos de hoy, nativos digitales, para los que navegar por Internet y responder la tarea del cole, tomarse fotos, subir

videos, chatear con los amigos, mirar una peli, comprar entradas para ver a Lady Gaga, bajarse una app, jugar a Angry

Birds, todo y más, se hace al mismo tiempo, en un par de clicks del dispositivo de turno, con sus dedos veloces, mientras

ellos están ahí, y la nona los mira hacer.

¿Sueñan nuestros niños con ovejas en pantalla touchscreen?”

Tras la yogurtera llegó el módem

Vanesa nos contaba que en su casa son early adopters de todo tipo de cachivaches. Así que Internet llegó al hogar como lo habían hecho antes el calentador de leche y la yogurtera. Solo que en este caso para evolucionar y quedarse. Y luego llegó la universidad, así que Vanesa empezó a pasarse las horas buscando y leyendo en la red. Tantas que acabó descubriendo que quería dedicarse a esto de Internet. Hace unos ocho años se creó un blog, “una de las mejores decisiones de mi vida, que me ayudó muchísimo a centrarme, a conocer a gente, a conocer lo que se cocía por Internet, a darme a conocer en la blogosfera… fue brutal lo que aprendí y me divertí en aquella época”. Y después vino el móvil con 3G, “aunque sólo era una continuación de lo que empecé en aquella época. ¡Me hacía ilusión tener por fin GPS en el móvil para no perderme! ¡Y mira que al principio dabas envidia a todo el mundo! Pero nada como pasar de la enciclopedia de papel a la world wide web…” aunque confiesa que también Twitter le ha cambiado la vida.

Internet también nos acerca a quienes más queremos cuando estamos lejos. @monicarabino nos lo contaba en Twitter. Poder ver a su familia a través de Skype o hacer los deberes del colegio con sus sobrinos son cosas que se han instalado en su día a día.

Y por fin llegó Google

Belén tuvo suerte porque internet le llegó con 11 años, claro que con un módem de 14,4K “tan lento que cargaba las imágenes progresivamente. Para conectarse había que pagar aparte a un proveedor como Arrakis, o caer en el “lado oscuro” de Infovía. También recuerda las facturas y las discusiones en casa por tener la línea ocupada. “ La tarifa plana no existía. Los buscadores aún iban surgiendo y quitándose el lugar unos a otros hasta que por fin llegó Google. Descargaba música en formato MIDI, y la compartía en una página (en Geocities).Cuando llegó el MSN Messenger  1.0, llegaron los amigos y comenzó a ser una cita obligada por las tardes. Hoy la mayoría de mi comunicación e información que no es en persona, es por Internet. Imprescindible”.

Y tampoco hay que olvidarse de los cibercafés. Así es como Enrique abrió la ventana de Internet para jugar online. “Para nosotros no existían ni los buscadores ni las páginas. Rara vez consultábamos algo, solo cuando necesitábamos hacer  algún trabajo para el colegio y siempre había tiempo para una partidita de estranjis. Ahora la situación ha cambiado. Juego infinitamente menos y consumo la red para trabajar y buscar información desde prácticamente cualquier dispositivo”.

Buscar, leer, volver a buscar. Casi todas nuestras historias pasan por allí, por la gran enciclopedia de la red. Definitivamente es algo para celebrar.

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