La solución innovadora (I): ¿Invertir mucho en I+D garantiza más competitividad?

Desde una perspectiva amplia, innovación es susceptible de ser definida como el resultado final de enfrentar una necesidad determinada con una posible solución. La novedad puede recaer en la “necesidad” o en la “solución” o, incluso, puede desencadenarse por el “matrimonio perfecto” entre una necesidad y una solución absolutamente preexistentes. En cualquier caso, la innovación exitosa lo será por la generación de valor que es capaz de producir. Esto implica que su validez no está encorsetada en términos de sus resultados financieros –volumen de ganancias– dado que su aportación puede materializarse de formas diversas: el bienestar social que logra, el fortalecimiento de una cultura empresarial, la revaloración de una marca o el impacto positivo que logra en el medioambiente.

Pero antes que pueda surgir la innovación-pura se necesita una semilla, lo que se ha definido como una oportunidad. La oportunidad es la forma más embrionaria de una innovación, es la hipótesis de partida que hay que evaluar para intentar medir cuánto valor será capaz de crear. Para una farmacéutica como Merck, una oportunidad consistiría en lograr un principio químico que permita controlar el azúcar en la sangre. Para ABC-Disney, una oportunidad sería un nuevo pitch para lograr una franquicia dramática o un “Killer” reality de primetime.

Durante la última década se ha estado investigando profusamente en averiguar cuáles son las claves para poder acelerar el ritmo de innovación dentro de una organización, independientemente de su sector de actividad. Y una de las principales hipótesis ha consistido en medir el volumen de inversión que se hace en I+D+i como factor desencadenante. Pero, por otro lado, es cierto que si sólo se observa un ranking de empresas limitado al volumen de inversión que realizan en esta materia, en realidad no se está accediendo a la foto completa. Habría que acompañar ese ranking con otro adicional donde se pudiera comparar cuál es el retorno directo inducido por la inversión en I+D, o si ese mayor volumen de inversión en innovación ha sido una palanca empírica para lograr que la gestión financiera de la compañía sea más eficiente.

Top 20 con las empresas que más gastaron en I+D en 2009 y 2010.

Booz&Company lleva varios años analizando este escenario concreto, y en una encuesta a nivel mundial  realizada a más de 1.000 expertos en la materia, tanto de los sectores público y privado como de los ámbitos académico y científico, se llegaron a tres conclusiones fundamentales:

  1. No existe una correlación directa entre un alto volumen de inversión y el output final que se obtiene en términos puramente económicos. Lo que indica que no se trata de gastar mucho, sino de tener un modelo óptimo para gestionar eficientemente la inversión.
  2. El alineamiento cultural de la organización y el potencial de su capital humano es un factor crítico.
  3. Una vez se ha asentado internamente una política y una cultura orientada hacia la innovación constante y la experimentación, es vital colocar al consumidor dentro del proceso de innovación.

Para lograr implantar el alineamiento cultural que se demanda, especialmente en empresas ya asentadas con una larga trayectoria histórica, las recomendaciones, fruto de los resultados de la mencionada encuesta, fueron por orden de consenso:

  1. Instaurar como una prioridad en el negocio, la misión de ofrecer una experiencia única al usuario.
  2. “Sentir” pasión y orgullo por los productos y servicios que se ofrecen.
  3. Reverencia por el conocimiento y el talento del capital humano.
  4. Cultura de colaboración y transversalidad entre funciones, departamentos y localizaciones geográficas de los centros de trabajo.
  5. Apertura a nuevas ideas procedentes de cualquier parte interesada: consumidores, proveedores, competidores, otras industrias, y los propios empleados.
  6. Sentido de pertenencia en el empleado por cualquier tipo de contribución que haga dentro de un proceso de innovación y desarrollo.
  7. Tolerancia al fracaso en el propio proceso de innovación.

En la segunda parte de este post, pretendo poner el foco en las recomendaciones contenidas entre la 3 y la 6. Porque ahí absorbe un papel relevante la denominada innovación abierta sustentada en comunidades colaborativas para generar ideas nuevas. Como veremos, resulta más eficiente para ganar competitividad, generar conocimiento útil mediante el aprovechamiento del mayor número de trabajadores altamente cualificados con los que se cuente. Limitar la extracción de valor al conocimiento y la participación de ejecutivos es una pérdida de eficacia cuando se puede integrar en la inteligencia del negocio a los mandos intermedios y a todos los técnicos seniors e incluso juniors.

Esta proposición la justifico en base a los resultados de múltiples estudios demográficos que analizan la productividad de la fuerza laboral europea, demostrando que las mayores aportaciones en innovación aplicada provienen de empleados con edades comprendidas entre los 30 y los 45 años. Esa horquilla “caliente” es una clave empírica para el crecimiento que hay que potenciar en las medianas y grandes empresas, especialmente en el target de los 30 años, ya que el rango de edad para ejecutivos está fijado en un promedio de algo más de 40 años, y por debajo de ese umbral se corre el riesgo de perder motivación y talento en la composición de la fuerza laboral por reglas organizativas demasiado rígidas. La innovación abierta puede conjugarse para ser una pasarela de flexibilización de esas fronteras de jerarquía.

Alberto González
Knowledge Manager. Prisa Digital

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