La vida a través de las Google Glass

Con las expectativas altas y mucha curiosidad sobre el invento, le pedimos a Google que nos dejase probar las Google Glass facilitándonos durante unos días un Explorer Pack, que viene a ser un paquete con una versión preliminar de las gafas y las herramientas de desarrollo necesarias para empezar a programar aplicaciones. Su respuesta fue que el plazo para optar a ello estaba cerrado y que sólo cuentan con 8 unidades de demo para toda Europa, aunque nos invitaban a visitar sus instalaciones de Madrid y  tener una primera toma de contacto con el dispositivo. No tuvieron que decírnoslo dos veces.

“No se llaman Glasses, se llaman Glass, porque tienen un solo cristal”, comenzaron advirtiéndonos los representantes de Google. También nos anunciaron que las Glass nos iban a devolver la mano que el smartphone nos robó y la postura erguida que hemos ido abandonando mientras consultábamos la pantalla del móvil.

Aunque dudo que a estas alturas quede alguien que no haya oído hablar de las Google Glass, no está de más hacer un breve repaso por sus características por si acaso hay algún ermitaño en la sala. Se trata de un dispositivo “wearable”, o vestible, como se empieza a decir por ahí.

El gadget en cuestión consiste en una fina montura que podemos llevar directamente o colocar sobre nuestras actuales gafas, junto a la patilla derecha llevan adosado un miniordenador cuya carcasa es una superficie táctil que nos sirve para interactuar con ellas, y en el frontal incorporan una cámara con micrófono que registra en alta definición lo que vemos y oímos además de permitirnos gobernar el dispositivo mediante instrucciones de voz. Lo verdaderamente novedoso es, por una parte, el curioso sistema de audio que incorporan y que prescinde de auriculares para transmitir el sonido directamente al cartílago del oido, y por la otra que en su frontal incorporan una pequeña pantalla acoplada a un cristal semitransparente, de tal manera que nos puede mostrar información sin interferir apenas en nuestro campo visual. El resultado equivaldría a tener frente a nosotros una pantalla de 25 pulgadas vista desde unos 2,5 metros de distancia.

La imagen que las gafas nos muestra se superpone sobre la parte superior derecha de nuestro campo visual, dando lugar a lo que venimos llamando Realidad Aumentada, esto es, enriquecer nuestra visión directa con metadatos compuestos por texto o gráficos que generan así a una nueva “realidad” con mayor información contextual. Suena bien ¿verdad?

Las Google Glass tienen una limitada capacidad de almacenamiento (12 GB) y por sí solas no tienen acceso a Internet, pero si mediante bluetooth las asociamos con nuestro teléfono móvil y utilizamos la aplicación adecuada, las posibilidades de uso se multiplican hasta casi el infinito. Así podremos hacer consultas en Internet con sólo decírselo a las gafas (admiten comandos de voz que se activan al decir “Ok glass”), difundir video y audio en streaming poniendo a disposición de todo el mundo lo que perciben nuestros ojos y oídos, recibir información relativa a nuestra situación geográfica, instrucciones contextuales para una determinada operación o maniobra compleja, etc.

El ordenador que habita en el interior de las gafas utiliza Android como sistema operativo, lo que abre las puertas a un mundo de libre desarrollo de aplicaciones o “Glasware” como ha decidido Google llamar a las apps diseñadas específicamente para sus gafas.

A pesar de que todavía no se comercializan, Google ha envuelto todo su invento dentro de un plan llamado “Proyect Glass” a través del cual se han registrado los desarrolladores que, tras desembolsar 1.500 dólares, disponen del “Google Glass Explorer Edition”. El objetivo es que cuando las gafas salgan al mercado exista una razonable oferta de glasware que haga el producto atractivo.

Todos los ejemplos que Google promociona hacen referencia a un mundo ideal en el que sus gafas nos avisan sobre la conveniencia de coger el paraguas antes de salir de casa, qué salida de la autopista debemos tomar sin tener que apartar la mirada de la carretera, o a quién debemos felicitar en su cumpleaños, pero lo cierto es que a medida que el entusiasmo inicial va cediendo, va ocupando su lugar una sensación de inquietud sobre las formas menos ortodoxas de usar las gafas, y sobre cómo pueden terminar por cambiar nuestras costumbres sociales.

Una vez que nos permitieron poner las manos sobre ellas, la primera impresión que uno percibe es de que el producto está perfectamente terminado a pesar de estar aún en fase de prototipo; el diseño, los materiales y los acabados son de primer nivel, aunque en seguida te das cuenta de que se trata de un dispositivo de pre-producción cuando te anuncian que las gafas solo atienden instrucciones pronunciadas en inglés con un perfecto acento californiano.

Los representantes de Google nos dejaron probar sus gafas por un breve espacio de tiempo mientras nos contaban que ya hay un equipo de 80 desarrolladores “oficiales” creando glasware, tres de ellos en España. Nos adelantaron también que ya están trabajando con la ONCE en el desarrollo de una aplicación que permita el guiado de los invidentes mediante instrucciones de voz, y que además les permitirá detectar la presencia de determinados objetos mediante reconocimiento de imagen.

Tras haber tenido oportunidad de probarlas he de decir que sin ir demasiado predispuesto las gafas me sorprendieron para bien. A pesar de la –a priori- baja resolución que la pantalla, ésta se ve con una nitidez sorprendente, los textos se leen con claridad y el video en movimiento se ve fluido. La experiencia de usuario es muy buena, sin sensaciones extrañas ni mareos. Quizá el sistema de audio de transmisión ósea reste un poco de brillo al sonido, pero el breve espacio de tiempo que tuvimos ocasión de llevarlas puestas no dio para un análisis con mayor profundidad. Una pena.

Pero dejando de lado el hardware y pasado al polémico apartado de qué se puede hacer con ellas, cabe reseñar que una vez que los Glass Explorer Edition Pack cayeron en manos de los primeros desarrolladores, la polémica salió a su encuentro inmediatamente, y es que muchas de las aplicaciones hacían uso de uno de los mayores potenciales del dispositivo; el reconocimiento facial, que como mínimo pasa por encima de la ética, cuando no de las leyes de protección de la intimidad de muchos países. Imaginad que con solo registrar la imagen de la cara de alguien se le pueda etiquetar automáticamente o recuperar información sobre él de vaya usted a saber qué base de datos, sin pasar por alto que si a muchos les inquietaba que las calles de las grandes ciudades estén sembradas de cámaras de vigilancia registrando imágenes continuamente, la idea de que cualquiera que se cruce contigo sea potencialmente una cámara en movimiento y conectada a Internet puede resultar como mínimo incómodo.

Pero no todo lo que rodea a las gafas de Google es polémico. El pasado 21 de junio el conocido traumatólogo español Dr. Pedro Guillén realizó una complicada intervención de rodilla con una nueva técnica que permite implantar cartílago cultivado en el menisco del paciente. Gracias a las gafas de Google la operación se pudo seguir en directo en todos los centros hospitalarios del mundo que quisieron registrarse en el evento, y el Dr. Guillén aclaró en tiempo real las preguntas de sus colegas de profesión.

Además de poder hacer tambalearse los pilares de los derechos de autor, la privacidad del individuo también está en juego, y es que si por algo se ha distinguido el modelo de negocio de Google ha sido por ofrecer publicidad personalizada basada en nuestras visitas y consultas en la web. Si ahora llevamos sus gafas por la calle mientras vamos de compras ese “tracking” que hasta ahora se limitaba a lo virtual podría acabar por trasladarse también al mundo real.

Por último, y a riesgo de dar una imagen muy negativa del invento de Google, las gafas podrían suponer un paso más hacia el cambio que los dispositivos móviles están realizando sobre las costumbres sociales, y es que con la llegada de Internet móvil empieza a estar socialmente aceptado –o al menos ya no nos extrañarnos- que nuestro compañero de mesa manipule su teléfono móvil, lea el correo, conteste mensajes o suba fotos a Facebook mientras participa en una reunión de trabajo o en una cena entre amigos. Si muchas de esas acciones empiezan a poder hacerse sin apartar la vista de nuestros interlocutores y sin que estos sean capaces de detectarlo… es seguro que se harán.

Así las cosas ¿qué ocurrirá en el ámbito empresarial si se empiezan a popularizar las Google Glass y la gente acude con ellas a las reuniones como ahora acuden con su móvil o su tableta? ¿Me estarán grabando o difundiendo en streaming? ¿Te comportarías igual si tienes la sospecha de que te pueden estar grabando? Y si el tipo del urinario de al lado en los baños públicos me mira a través de sus Google Glass ¿debo sospechar y pedirle que se las quite? El caso es que Google ha intentado atajar la polémica de la privacidad anunciando que el dispositivo definitivo incorporará una señal luminosa externa que se activará cuando graben (aunque si eres desarrollador saltarte esa señal debe ser cuestión de un par de líneas de código), incluso la actual versión del SO incorpora (oculto, eso sí) una funcionalidad que permite hacer fotografías con sólo guiñar un ojo, sin necesidad de tocar la patilla o decir el famoso “Ok glass, take a picture

Creo que a estas alturas hay suficientes indicios para pensar que el concepto de gafas inteligentes puede suponer un cambio en nuestra forma de interactuar con la tecnología, aunque dé un poco de vértigo asomarse por esa ventana que las Google Glass nos abren hacia el futuro. Más allá de lo cool que pueda resultar ir por la vida respondiendo mensajes y atendiendo llamadas sin tener que bajar la vista hasta la pantalla del ordenador o el teléfono, está por ver el fruto que es capaz de dar la imaginación de los desarrolladores de aplicaciones, que ya en muchas ocasiones nos ha dejado sin habla limitándose a la pequeña pantalla táctil de un teléfono, así que la libertad y el estímulo que les va a proporcionar un dispositivo hands free/ eyes free puede ser increíble.

Dicen que lo empezaremos a ver a principios del 2014, que es cuando todo el mundo –menos Google- dice que se van a empezar a comercializar.

Javier Riloba 
Jefe de Medios de Producción de PRISA TV

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